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lunes, 30 de marzo de 2015

Segunda Parte: Codex Calixtinus "Guia del peregrino medieval" 2/2

Aquí os dejo los siguientes capítulos que van de VII al XI, dando por concluida la guía y el final del libro V.



Capítulo VII
En el camino de Santiago, por la ruta de Toulouse, la primera tierra que se encuentra, pasado el río Garona, es la de Gascuña; a partir de allí, superado el Somport, la tierra de Aragón y luego el territorio de los navarros, hasta Puente Arga (1) y más allá.

 Por la ruta de Port de Cize, después de la Turena (2), está el territorio de los poitevinos (3), productiva, fértil, llena de todo género de bienes. Los poitevinos son gente valiente y aguerrida, muy hábiles en el manejo del arco, de las flechas y de la lanza en la guerra, confíados en el combate, rapidísimos en las carreras, cuídados en su vestido, de facciones distinguidas, astutos en sus palabras, muy dadivosos en sus mercedes y pródigos con sus huéspedes. Después se encuentra el país de Saintes (4); luego, pasado el estuario del río Garona, está la tierra de Burdeos, de excelente vino y rico en peces, pero de rústica lengua. Se tienen a los de Saintes por burdos en su idioma, pero los de bordeleses todavía lo son más. Después se atraviesan durante tres agotadoras jornadas las landas bordelesas. Esta es tierra completamente desolada, carente de pan, vino, carne, pescado, ríos y fuentes, de escasas aldeas, llana y arenosa, sí bien abundante en miel, mijo, panizo y puercos (5). Pero si por casualidad la atraviesas en verano, guarda cuidadosamente tu rostro de las enormes moscas, vulgarmente llamadas avispas o tábanos (6), que allí abundan sobremanera. Y si no miras atentamente dónde pisas, en la arena del mar, que allí abunda, te hundirás rápidamente hasta las rodillas.

 Pasado, pues, este país, se encuentra la Gascuña, tierra rica en pan blanco y espléndido vino tinto, dotada de bosques, prados y ríos y fuentes sanas. Los gascones son ligeros de palabra, parlanchines, burlones, libidinosos, borrachines, pródigos en las comidas, desastrados en su indumentaria, faltos de joyas y adornos, pero hechos a la guerra y distinguidos por su hospitalidad con los necesitados. Acostumbran a comer sin mesa, sentados alrededor del fuego y a beber todos por un mismo vaso (7). Comen y beben largamente, visten mal, y se acuestan suciamente mezclados todos sobre unas pocas pajas, los siervos con el señor y la señora.

 A la salida de este país, en el camino de Santiago, se encuentran dos ríos que corren por cerca de la villa de San Juan de Sorde (8), uno a su derecha y otro a su izquierda: uno de ellos se llama Gave y el otro río, y no pueden cruzarse en modo alguno sin embarcación. Los barqueros de éstas se condenarán indudablemente, pues aunque aquellos ríos son muy estrechos, por cada persona que pasan hasta la otra orilla, sea pobre o rico, cobran de tarifa un dinero, y cuatro, que reclaman violenta y abusivamente, por la caballería. Además su nave es pequeña, construida del tronco de un sólo árbol, en la que apenas caben los caballos; cuando hayas embarcado guárdate prudentemente de no caer, por casualidad, al agua. Te convendrá arrastrar por las riendas a tu caballo detras de tí, fuera de la nave, por el río. Por eso entra en ella con pocos, pues si se carga en exceso, pronto zozobrará. También muchas veces, los barqueros meten tanta cantidad de peregrinos, tras cobrarles el precio, que la nave vuelca, y los peregrinos se ahogan en las aguas. Por lo que se alegran malignamente los barqueros, porque así se apoderan de los despojos de los muertos.

 Después, ya cerca de Port de Cize, se encuentra el país de los vascos, que tiene en la costa hacia el norte la ciudad de Bayona (9). Esta tierra es bárbara por su lengua, poblada de bosques, montañosa, desolada de pan, vino y de todo alimento del cuerpo, salvo el consuelo de las manzanas, la sidra (10) y la leche. En esta tierra, es decir, cerca de Port de Cize, en el pueblo llamado Ostabat, Saint-Jean (11) y Saint-Michel-Pied-de-Port, los recaudadores de portazgo son tan malvados que merecen la más absoluta condena, porque armados con dos o tres garrotes, salen al paso a los peregrinos arrancándoles por la fuerza injustos tributos. Y si algún viajero se niega a darles los dineros que le piden, le golpean con los garrotes y en medio de amenazas le registran hasta las calzas y le quitan el censo, insultándole.

 Las gentes de estas tierras son feroces como es feroz, montaraz y bárbara la misma tierra en que habitan. Sus rostros feroces, así como los gruñidos de su bárbara lengua, aterrorizan el corazón de quienes los contemplan. Aunque legalmente sólo pueden cobrar tributo a los mercaderes, lo reciben injustamente de los peregrinos y de todos los viajeros. Cuando deben cobrar normalmente de cualquier cosa cuatro monedas o seis, ellos cobran ocho o doce, es decir, el doble. Por lo cual, mandamos y rogamos ardientemente que estos portazgueros juntamente con el rey de Aragón (12) y demás personas potentados que de ellos reciben los dineros del tributo, así como aquellos que los consienten, como son: Raimundo de Soule, Viviano de Agramonte (13) y el Vizconde de San Miguel con toda su descendencia, junto con los antedichos barqueros y Arnaldo de Guinia con toda su descendencia y con los restantes señores de los referidos ríos, que injustamente reciben de aquellos mismos barqueros los dineros del pasaje, junto con los sacerdotes que a sabiendas les administran la penitencia y la eucaristía, o les celebran oficios divinos, o les admiten en sus iglesias, que sean diligentemente excomulgados, no sólo las sedes episcopales de sus respectivas tierras, sino también en la basílica de Santiago, en presencia de los peregrinos, mientras no se arrepientan con prolongada y pública penitencia, y moderen sus tributos. Y cualquier prelado que, por caridad o lucro, pretenda perdonarles de esto, reciba el golpe de la espada del anatema. Y sépase que dichos portazgueros en modo alguno deben percibir tributo de los peregrinos, y que los referidos barqueros no pueden cobrar, como tarifa por la travesía, más que un óbolo (14) por dos hombres, si son ricos; y por su caballo un solo dinero; pero de los pobres nada. Y deben tener barcas grandes, en las que holgadamente puedan entrar las caballerías y los hombres.

 En el territorio todavía de los vascos, el camino de Santiago pasa por un monte muy alto, que se llama Port de Cize, o porque aquí se halla la puerta de España (15), o porque por dicho monte se transportan las mercancías de una tierra a otra; y su subida tiene ocho millas y su bajada igualmente otras ocho. Su altura es tanta que parece tocar el cielo. A quién lo sube le parece que puede tocar el cielo con la mano. Desde su cumbre puede verse el mar británico y el occidental (16), y las tierras de tres países, a saber: de Castilla, de Aragón y de Francia. En la cima de este monte hay un lugar llamado la Cruz de Carlomagno (17), porque en él, en tiempos pasados, Carlomagno abrió una senda con hachas, piquetas, azadas y otras herramientas, cuando, al frente de sus ejércitos, se dirigía a España. A continuación alzó figuradamente en alto la cruz del Señor, y doblando las rodillas en dirección a Galicia elevó sus preces a Dios y Santiago. Por este motivo, los peregrinos tienen la costumbre de hincarse allí de y orar vueltos hacia la patria de Santiago, y cada uno deja clavada una cruz, estandarte del Señor. Hasta mil se pueden encontrar allí. De ahí que se considere a aquel lugar por el primero de la oración a Santiago en el camino.

 En este mismo monte, antes de que creciese plenamente por tierra españolas la cristiandad, los impíos navarros y vascos solían no solo robar a los peregrinos que se dirigían a Santiago, sino también cabalgarlos como asnos, y matarlos. Junto a este monte, en dirección norte, hay un valle que se llama Valcarlos (18), en el que acampó el mismo Carlomagno con sus ejércitos, cuando sus guerreros fueron muertos en Roncesvalles, y por él que pasan también muchos peregrinos camino de Santiago y no quieren escalar el monte. Luego, pues, en el descenso del monte se encuentra el hospital y la iglesia en donde se está el peñasco que el poderoso héroe Roldán partió con su espada por medio, de arriba a bajo, de tres golpes (19). Viene luego Roncesvalles, lugar en que en otro tiempo se libro la gran batalla en la cual el rey Marsilio, Roldán y Oliveros y otros ciento cuarenta mil (20) guerreros cristianos y sarracenos fueron muertos.

 Tras este valle se encuentra la tierra de los navarros, rica en pan, vino, leche y ganados. Navarros y vascos (21) son muy semejantes en cuanto a comidas, trajes, y lengua, pero los vascos son algo más blancos de rostro que los navarros. Estos se visten con paños negros y cortos hasta las rodillas solamente, a la manera de los escoceses, y usan un calzado que llaman albarcas (22), hechas de cuero con pelo, sin curtir, atadas al pie con correas, que sólo resguardan la planta del pie, dejando desnudo el resto. Gastan unos capotes de lana negra, largos hasta los codos y orlados a la manera de una paenula (23), que llaman sayas. Comen, beben y visten puercamente. Pues toda la familia de una casa navarra, tanto el siervo como el señor, lo mismo la sierva que la señora, suelen comer todo el alimento mezclado al mismo tiempo en una sola cazuela, no con cuchara, sino con las propias manos, y beben todos del mismo jarro. Si los vieras comer, los tomarías por perros o cerdos comiendo. Y oyéndoles hablar, te recuerdan los ladridos de los perros, pues su lengua es completamente bárbara. A Dios le llaman urcia; a la Madre de Dios, andrea María; al pan, orgui; al vino, ardum; a la carne, aragui; al pescado, araign; a la casa, echea; al dueño de la casa, iaona; a la señora, andrea; a la iglesia, elicera; al presbítero, belaterra, lo que quiere decir bella tierra; al trigo, gari; al agua, uric; al rey, ereguia; a Santiago, iaona domne Iacue (24).

Este es pueblo bárbaro, distinto de todos los demás en sus costumbres y naturaleza, colmado de maldades, oscuros de color, de aspecto innoble, malvado, perverso, pérfido, desleal y falso, lujurioso, borracho, agresivo, feroz y salvaje, duchos en toda suerte de violencias, silvestre, réprobo, impío y rudo, cruel y pendenciero, desprovisto de cualquier virtud y enseñado en todos los vicios e iniquidades; parejo en maldad a los getas y los sarracenos (25), y enemigo frontal de nuestra nación gala. Por un sólo dinero, un navarro o un vasco mata si puede, a un francés. En algunas de sus comarcas, sobre todo en Vizcaya y Álava, los navarros mientras se calientan, se muestran mutuamente sus vergüenzas, el hombre a la mujer y la mujer al hombre. También usan los navarros de las bestias en impuros ayuntamientos, fornican incestuosamente al ganado. Pues se dice que el navarro cuelga un candado en las ancas de su mula y de su yegua, para que no las pueda acceder más que él mismo. Además, da lujuriosos besos a la vulva de su mujer y de su mula. Por todo ello, los navarros han de ser censurados por todos los discretos. Sin embargo, se les considera valientes en el campo de batalla, esforzados en el asalto de castillos, cumplidores en el pago de diezmos, y asiduos en las ofrendas a los altares. Pues cada día al ir los navarros a la iglesia, hace una ofrenda a Dios, o de pan, vino o trigo, o de algún otro producto. Siempre que un navarro o un vasco va de camino se cuelga del cuello un cuerno como los cazadores, y acostumbra a llevar dos o tres jabalinas, que ellos llaman azconas (26). Y cuando entra o sale de casa, silba como un milano. Y cuando estando escondido en lugares apartados o solitarios para robar o asaltar a una presa, desea llamar sigilosamente a sus compañeros, o canta como el búho, o aúlla igual que un lobo (27).

 Suele decirse que descienden del linaje de los escoceses, por la semejanza a ellos en sus costumbres y aspecto. Es fama que Julio César envió a España (28), para someter a los españoles, porque no querían pagarles tributo, a tres pueblos, a saber: a los nubios, los escoceses y los "caudados" cornubianos, ordenándoles que pasasen a cuchillo a todos los varones respetando la vida sólo a las mujeres. Y habiendo ellos invadido por mar aquella tierra, tras destruir sus naves, la devastaron a sangre y fuego desde Barcelona a Zaragoza, y desde la ciudad de Bayona hasta Montes de Oca. No pudieron traspasar estos límites, porque los castellanos unidos los arrojaron de sus territorios combatiéndolos. En su retirada huyeron hasta los montes costeros que hay entre Nájera, Pamplona y Bayona, es decir, en dirección al mar, hacia la costa en tierras de Vizcaya y Álava, donde se establecieron levantando numerosas fortificaciones y dieron muerte a todos los varones a cuyas mujeres arrebataron, y en las que engendraron hijos que después fueron llamados navarros por sus sucesores. Por lo que navarro se traduce non verus (29), no verdadero, es decir, engendrado de estirpe no verdadera o de prosapia no legítima. Dícese también que los navarros tomaron su nombre primitivamente de una ciudad llamada Naddaver, situada en la región de la que procedían; ciudad convertida al Señor en los primeros tiempos, por la predicación de San Mateo, apóstol y evangelista.
Después de la tierra de éstos, una vez pasados los Montes de Oca, en dirección a Burgos, sigue la tierra de los españoles, a saber, Castilla y Campos (30). Esta tierra está llena de tesoros, abunda en oro y plata, rica en paños y vigorosos caballos, abundante en pan, vino, carne, pescado, leche y miel. Sin embargo, carece de arbolado y está llena de hombres malos y viciosos.

Después, pasada la tierra de León y los puertos de monte Irago y monte Cebrero, se encuentra la tierra de los gallegos (31). Abunda en bosques, es agradable por sus ríos, sus prados de extraordinarios vergeles y riquísimos pomares, sus buenas frutas y sus clarísimas fuentes; pero escasa en ciudades, villas y sembrados. Escasea en pan de trigo y vino, pero abundante en pan de centeno y sidra, bien abastecida en ganados y caballerías, en leche y miel y en pescados de mar grandes y pequeños; es rica en oro, plata, y en tejidos y pieles silvestres, y en otras riquezas, y hasta muy abundante en valiosas mercancías sarracenas. Los gallegos, pues, se acomodan más perfectamente que las demás poblaciones españolas de atrasadas costumbres, a nuestro pueblo galo, sino fuera por que son muy iracundos y litigosos.

(1)Puente Arga o puente del Arga (pontem Arge) no puede ser otro que Puente la Reina.
(2)La Turena (Turonica), antigua provincia francesa en las riberas de Loira cuya capital era Tours, considerada como el jardín de Francia.
(3)El Poitou (tellus Pictauorum), otra provincia, cuya capital era Poitiers, con algo de la abundancia de la Turena, pero más pobre. País donde se entrecuzan caracteres del norte y del mediodía.
(4)El Saintonage (t. Sanctonensium), cuya capital era Saintes (ver Libro IV (Turpín), capítulos X y XI). El estuario del Garona es, como se sabe, la Gironda, de Burdeos al mar.
(5)Se traduce por "puercos" la palabra grugnis que en el Códice es gruguis. La palabra no se halla en ninguna otra parte, pero se supone relacionada con grunnier "gruñir".
(6)Las formas vulgares que da el texto son las francesas antiguas guespe "gûepe" y tavones "taons".
(7)Se traduce por vaso la palabra cypho que está seguramente por scypo; pero según Gómez-Moreno cipho designaba un canuto para sorber.
(8)San Juan de Sorde (sancti Iohannis Sordue), hoy Sorde en el borde del departamento de las Landas y a la derecha del Gavede Olorón, no lejos de su confluencia con el Gave de Pau. Su abadía benedictina que data quizá del siglo X marcaba una etapa en la peregrinación a Santiago. Ahora los dos ríos se llaman Gave como queda dicho, nombre que en el texto parece común y no propio, como lo es en francés: gauer se contrapone a flumen. Se supone possunt "puente" por possit, porque de los siguiente se desprende que ambos ríos se cruzaban en barca.
(9)Bayona (Baiona) caía fuera del camino.
(10)En este pasaje aparece más claro que en ningún otro que sicera es "sidra" por ir junto a las manzanas y contrapuesta al vino, y por tratarse del país vasco (tellus Basclorum), además de ser la voz latina origen de la española.
(11)Saint-Jean y Saint-Michel-Pied-de-Port: ver capítulo II, nota a Port de Cize. San Juan fué capital de la Baja Navarra y perteneció a España hasta las paz de los Pirineos (1659).
(12)La referencia al rey de Aragón como soberano de estas tierras que pertenecían a Navarra debió hacerse antes de terminar la etapa que Navarra pasó unida a Aragón bajo los reyes Sancho Ramírez, Pedro I y Alfonso I (1076-1134), y seguramente bajo el último.
(13)Ninguno de estos personajes ha podido ser identificado con seguridad hasta ahora: hacia 1130 se encuentran un Viviano d'Aigremont y un Arnaldo de la Guinge, y el nombre de Raimundo era hereditario en la casa de Soules desde mediados del siglo XI. Pero es notable que el nombre de V. Agramonte (de Acromonte) aparece en el segundo romance del Marqués de Mantua, hacia el fin: "otro el duque Vibiano-de Agromonte natural", como de un personaje que procede seguramente del ciclo épico de Guillermo de Orange.
(14)El óbolo era "en la Edad Media la mitad del dinero de vellón, llamda vulgarmente miaja, mealla o malla".
(15)Da explicaciones de la palabra portus "puerto", la primera más exacta porque coincide etimológicamente con porta "puerta"; pero también aproximada la segunda, ya que portare "llevar" con sus compuestos proceden de la misma raíz.
(16)El mar Británico parece ser el de la Bretaña francesa y el occidental el golfo de Vizcaya o de Gascuña; mas como el primero cae demasiado lejos, quizá deba entenderse solamente que se ve el mar hacia el norte y el oeste.
(17)La Cruz de Carlomagno está mencionada en otros textos medievales, pero su emplazamiento no ha sido localizado.
(18)Valcarlos, valle que se abre entre los montes de Altabiscar y los Alduides, por donde corre hacia Francia el Nive de Arnéguy y baja la carretera general, y último pueblo español junto a la frontera, a 17 km. al norte de Roncesvalles y 63 de Pamplona.
(19)Ver Libro IV (Turpín) capítulo XXI, para consultar la hazaña de Roldán. De testimonios más recientes resulta, que después que los religiosos de Roncesvalles compraron la iglesia y el hospital de Ibañeta, trasladaron a su abadía la piedra sagrada.
(20)El Códice pone C.XL. milibus que el P.Fita y Whitehill han hecho CXL milibus; pero Mlle. Vielliard lee cum XL milibus a causa de ablativo milibus, como también lo entendió en su copia el monje de Ripoll y parecía más probable gramaticalmente. Así la traducción sería: "y otros guerreros con cuarenta mil c. y s."
(21)El autor distingue entre vascos y navarros, entendiendo por los primeros a los vasco-franceses o habitantes de ultrapuertos y por los segundos a los del sur de Roncesvalles.
(22)En el texto luarcas que ha dado la voz castellana y también vulgarmente albarca entre quienes la usan todavía en tierras de Zamora. Emblema heráldico del rey de Navarra Sancho Abarca.
(23)La paenula era una especie de capote de viaje, largo hasta las rodillas, cerrado y sin mangas, con un agujero para la cabeza y un capuchón.- La saia del texto podría relacionarse con lo que hoy se llama "kapusai", nombre emparentado con el de aquélla y con del de sagum que los romanos tomaron de la lengua céltica.
(24)Esta es la más antigua lista de voces vascas que se conoce y una de las primeras listas de frases para viajeros. La a final de urcia, andrea, echea, ianoa, elicera, bellaterra y ereguia es el artículo definido vasco; la terminación ic de uric "agua" es un artículo abstracto. Urcia o mejor urzia está por orzi "cielos", usada hoy sólo en compuestos; es posible que se preguntase por Dios señalando al cielo, según Azcue, y los vascos entendieron mal. Ande significa "señora" y la Virgen es Andre María o Mari (Andra en Vizcaya), mas no Andrea M. Pan es ogui y no orgui, que hoy se escribe ogi pronunciándose la g como gu. Vino es ardao, ardo y arno y sólo en el valle del Roncal (Navarra) ardau con nasalización final; pero la forma ardum del texto puede estar latinizada. Carne es aragi pronunciado aragui como pone el texto. Pescado es arain o araiñ con r dura o doble. Casa es etse o etxe pronunciado eche. Señor o dueño es iaun y en la lengua escrita también iaon. Iglesia es eliza, pero en el valle de Salazar (Navarra) elizara con r interpuesta al añadir el artículo. Para sacerdote se usa en el valle del Roncal y otras partes bereter que con el artículo es popular, como si fuese compuesto de bela "cuervo" y se considerase al sacerdote como especialmente conocedor de los agüeros (un "echacuervos" o cosa parecida); la interpretación pulcra terra "bella tierra" se debe al pareceido fonético con bella terra en latín o belle terre en francés. Gari es propiamente grano. Rey es erege pronunciado erregue y con cierre muy corriente de la e final ante el artículo, erreguia. Domme, del latín domine, queda más reducido como el español don en nombres vascos como el de San Sebastián, Donostia, San Juan de la Luz, Donibane Lohitzun, Saint-Jean-Pied-de-Port, Donibane Garazi, Iacue, de Iacobe como el antiguo español Yagüe, no se usa hoy; en correspondencia con la frase iaona domne Iacue, la parroquia principal de Bilbao (ahora catedral) se llama del Señor Santiago.
(25)Los getas eran un antiguo pueblo, emparentado con el tracio y el dacio, que habitó en la región de las bocas del Danubio. Como feroces, inhumanos etc. los menciona repetidas veces Ovidio, que allí estuvo y murió desterrado, y tal vez a través de él se hicieran proverbiales en la Edad Media tales cualidades. Los sarracenos podían en cambio ser conocidos directamente.
(26)Azconas eran una especie de lanza.
(27)Según Caro Baroja, el obispo Oliva dirigiéndose a Sancho el Mayor en 1023 acusaba ya a los vascos de ciertos vicios, y añade que las costumbres guerreras y religiosas, así como la imitación de los animales, parecen estar bien observadas en la realidad. Pero verdaderamente no se compadecen muy bien con toda la larga serie de improperios anteriores, que parecen exagerados y como debidos a una antipatía racial o a venganza por molestias personales. Ya en la enumeración de pueblos del Libro I, capítulo XVII, los "ímpios navarros" son los únicos que llevan un epíteto y éste no corresponde a lo dicho aquí de su religiosidad.
(28)Esta invasión parece una fantasía; sin embargo el P.Fita dice: "La invasión que se achaca a soldados enviados pro Julio César tuvo lugar en la Bretaña francesa, y probablemente en España, imperando Máximo, a fines del siglo IV". El autor del vocabulario, teniendo presente una antigua relación, entendió que los numianos del Devonshire eran nubianos de Etiopía; y de aquí su argumento ínsipido, fundado en la predicación de San Mateo a los nubios etíopes". A los cornubianos o de Cornualles los llama el texto caudatos "provistos de cola", un epíteto atribuido frecuentemente a los ingleses en la Edad Media, con el sentido de "cobardes, pusilánimes"; más el P.David se lo niega y lo refiere a cierta creencia popular medieval de que algunos pueblos célticos de las Islas Británicas tenían un apéndice caudal, de donde se atribuyó a los ingleses y aún a los navarros supuestos descendientes de británicos.
(29)La interpretación de Nauarrus como non uerus no es mas que una mala etimología popular.
(30)Castilla venía a extenderse de los Montes de Oca al Pisuerga y la Tierra de Campos, los famosos Campi Gothorum del Albeldense, del Pisuerga al Cea y, más al sur de los Montes Torozos al Esla. El loor que aquí hace el autor de sus productos se corresponde con el de Carrión y Sahagún en el capítulo III y bien observada está la falta de árboles; pero la abundancia de oro y plata, si no es una frase retórica, habrá que suponerla en los monasterios e iglesias y en las casas nobles o ricas; con todo los hombre, no salen tampoco bien librados. Creemos que palleis está aquí y más abajo, al referise el texto a Galicia, por palliis "telas, paños", y no como Mlle. Vielliard que lo traduce aquí por "fourrage" y más abajo por "tissus", lo primero quizá por preceder a los caballos y poder confundirse también con paleis "pajas". Según Gómez-Moreno eran tejidos preciosos de diversos colores.


(31)Las características de Galicia están en general bien observadas y hasta no sin razón se atribuye a sus habitantes la de ser litigiosi ualde, que hoy diríamos "muy pleiteadores". Se traduce paucis referido a pescados por "pequeños", pues en el capítulo II pauca equivale a parua y parece que da mejor sentido. En cuanto a los tesoros sarracenos, se toma como "suntuosas mercancías suministradas por los sarracenos"; pero pudieran ser acaso tesoros prehistóricos como los que se descubren modernamente y se atribuyen a los "mouros" por el pueblo.

Capítulo VIII

En primer lugar, pues, se ha de visitar en Arlés (1) por los que se dirigen a Santiago por el camino de Saint-Gilles, el cuerpo del bienaventurado San Trófimo (2), confesor, a quién recuerda San Pablo en su epístola a Timoteo, y que ordenado obispo por el mismo apóstol se dirigió el primero a predicar el Evangelio de Cristo a dicha ciudad. De este clarísimo manantial recibió toda la Galia, como escribe el papa Zósimo (3), los arroyos de la fe. Su festividad se celebra el día 29 de diciembre.

 Igualmente se ha de visitar el cuerpo de San Cesáreo (4), obispo y mártir, que en la misma ciudad estableció la regla monástica femenina y cuya fiesta se celebra el día 1 de noviembre.

 Asimismo se han de implorar en el cementerio de esta misma ciudad la protección de San Honorato (5), obispo, cuya solemnidad se celebra el 16 de enero. En su venerable y magnífica iglesia descansa el cuerpo de San Ginés (6), mártir muy preclaro.

 En las afueras de Arlés hay un arrabal, entre los dos brazos del Ródano, que se llama Trinquetaille (7), en donde existe detrás de la iglesia una columna de magnífico mármol, muy alta, y elevada sobre la tierra, a la que, según cuentan, ataron a San Ginés y lo degolló la plebe infiel; y aún hoy aparece enrojecida por su rosada sangre. El mismo santo apenas hubo sido degollado cogió su cabeza consus propias manos y la arrojó al Ródano, y llevó su cuerpo por medio del río hasta la iglesia de San Honorato, en donde honrosamente yace. Su cabeza, en cambio, corriendo por el Ródano y por el mar lelgó, guiada por los ángeles, hasta la ciudad española de Cartagena, en donde ahora descansa espléndidamente y obra muchos milagros. Su festividad se celebra el 25 de agosto.

 Luego se ha de visitar junto a la ciudad de Arlés un cementerio situado en el lugar llamado Aliscamps (8), para suplicar, como es costumbre, por los difuntos, con oraciones, salmos y limosnas. Tiene una longitud y una anchura de una milla. Tantas y tan grandes tumbas de mármol colocadas sobre la tierra no pueden encontrarse en cementerio de parte alguna, excepto en éste. Están decoradas con diversos motivos, tienen inscritos textos latinos, y son antiguas como se desprende de su redacción ininteligible (9). Cuanto más lejos se mira, tanto más lejos se ven sarcófagos. En este mismo cementerio existen siete capillas; si en cualquiera de ellas un sacerdote celebra la eucaristía por los difuntos, o si un seglar la hace devotamente celebrar a algún sacerdote, o si un clérigo lee el salterio, tendrá, en verdad, a los piadosos difuntos que allí yacen como valedores de su salvación ante Dios en el día de la resurrección final. Pues son muchos los cuerpos de santos mártires y confesores que allí descansan, y cuyas almas gozan ya en la paradisíaca morada. Su conmemoración suele celebrarse el lunes después de la octava de Pascua.

 También ha de ser visitado con gran cuidado y atención el dignísimo cuerpo del piadosísimo San Gil, confesor y abad. Pues San Gil, famosísimo en todas las latitudes, ha de ser venerado por todos, por todos dignamente celebrado, por todos amodo, por todos invocado y por todos visitado. Después de los profetas y los apóstoles, ninguno entre los demás santos más digno, más santo, más glorioso, ni más rápido en el auxilio que él. Pues suele ayudar más rápidamente que los demás santos a los necesitados, los afligidos y angustiados que a él claman. ¡Oh cuan hermosa y valiosa obra es visitar su sepulcro! Pues el mismo día en que alguien le ruegue de todo corazón, será sin duda socorrido felizmente.

 Por mí mismo he comprobado lo que digo: En cierta ocasión vi en su misma ciudad a uno que el día en que lo invocó escapó, con auxilio del santo confesor, de la casa de cierto zapatero, llamado Peyrot; cuya casa se vino abajo completamente derruída de puro vieja. !Quién podrá, pues, ver otra vez su morada! ¡Quién adorará a Dios en su sacratísima iglesia! ¡Quién abrazará de nuevo su sarcófago! ¡Quién besará su venerable altar, o narrará su piadosísima vida! Pues un enfermo se vistió su túnica y sanó; por su misma indefectible virtud se curó uno mordido por una serpiente; otro, poseído por el demonio, se libró; se calma la tempestad del mar; la hija de Teócrito encontró la salud largo tiempo deseada; un enfermo que no tenía en el cuerpo parte sana, falto en absoluto de su salud, logró la tan largamente ansiada curación; un cierva, antes indómita, domesticada por su mandato, se amansó; su orden monástica aumentó bajo su patronazgo abacial; un energúmeno fue librado del demonio; el pecado de Carlomagno (10), que le había sido revelado por un ángel, le fue perdonado al rey; un difunto fue devuelto a la vida; recobra un paralítico su primitiva salud; es más, dos puertas talladas en madera de ciprés con imágenes de príncipes de los apóstoles, llegaron flotando sobre las aguas del mar desde la ciudad de Roma al puerto del Ródano, sin que nadie las dirigiese, con sólo su poderoso mandato. Me duele no recordar y no poder contar (11) todos sus hechos dignos de veneración, ya que tantos son y tan grandes. Aquella resplandeciente estrella venida de Grecia, después de iluminar con sus rayos a los provenzales, hermosamente se ocultó entre ellos, no empequeñeciéndose, sino incrementando su brillo; no perdiendo su resplandor, sino ofreciéndolo con doble intensidad a todos, no descendiendo a los abismos, sino ascendiendo hasta las cumbres del Olimpo; su luz no se oscureció con su muerte, sino que gracias a sus insignes fulgores, es el más resplandeciente de todos los santos astros, en los cuatros puntos cardinales. En efecto, a la media noche del domingo, 1 de septiembre, se eclipsó este astro, que un coro de ángeles llevó consigo a la celestial morada y que el pueblo godo junto con el orden monacal albergó en honrosa sepultura, en un campo libre, entre la ciudad de Nimes (12) y el río Ródano.

 La enorme arca de oro que hay detrá de su altar sobre su venerable cuerpo, tiene esculpidas en la primera franaja de la parte izquierda las imágenes de seis apóstoles, ocupando la imagen de la bienaventurada Virgen María la primera posición. Arriba, pues, en una segunda franja, aparecen los doce signos del zodíaco, en este orden: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Y por entre ellos corren ramos dorados en forma de sarmientos de vid. En la tercera franja, la de más arriba, aparecen las imágenes de doce de los veinticuatro ancianos, sobre cuyas cabezas están escritos versos:

"He aquí el esplendoroso coro de los ancianos dos veces doce
Que con sus sonoras cítaras entonan dulces cantos" (13)

 En la parte derecha, en la primera franja, hay igualmente otras seis imágenes, seis de las cuales son de apóstoles y la séptimo de otro discípulo de Cristo. Pero aún sobre las cabezas de los apóstoles, en ambos lados del arca, se representan en forma de mujer las virtudes que en ellos brillaron, a saber: Benignidad, Mansedumbre, Fe, Esperanza y Caridad. En la segunda franja de la derecha hay esculpidas unas flores a modo de sarmientos de vid. En la tercera y más alta de las franjas, al igual que en la parte izquierda, aparecen las otras doce figuras de los veinticuatro ancianos, con ésta inscripción en verso sobre sus cabezas:

"Esta gran urna exornada de piedras preciosas y oro
Es la que las reliquias guarda de San Egidio.
a quien la rompa, maldígale Nuestro Señor por siempre,
y San Egidio con él y la sagrada corte"

 Las cubiertas del arca por arriba están labradas por ambas aguas a modo de escamas de peces. En su ápice hay engarzadas trece piedras de cristal de roca, unas a modo de escaques, otras en forma de manzana o granadas. Uno de los cristales es enorme y tiene la forma de un gran pez, una trucha (14) seguramente, erguido, con la cola vuelta hacia arriba. El primer cristal, semejante a una gran olla, y sobre la que reposa una preciosa cruz de oro, muy resplandeciente. En el centro del frontis del arca, pero en su cara anterior, dentro de un círculo dorado, está sentado el Señor, impartiendo la bendición con la mano derecha, y sosteniendo en la izquierda un libro, en el que está escrito lo siguiente: "Amad la paz y la verdad". Bajo el escabel de sus pies hay una estrella dorada; y junto a sus brazos, una a su derecha y otra a su izquierda, de esta forma: Alfa y Omega. Y sobre su trono refulgen dos piedras preciosas de forma increíble. Junto al trono, por fuera están representados los cuatro evangelistas, con alas: a sus pies tienen sendas cartelas en las que aparecen escritos sucesivamente los comienzos de sus respectivos evangelios. Mateo está esculpido en figura de hombre, a la derecha y arriba; Lucas en figura de buey, abajo; Juan, en efigie de águila, a la izquierda y arriba; y debajo, Marcos en forma de león. Junto al trono del Señor hay además dos ángeles admirablemente esculpidos: un querubín a la derecha, con los pies sobre Lucas, y un serafín a la izquierda, con los pies a su vez sobre Marcos.

 Hay dos líneas de piedras preciosas de todas las clases admirablemente dispuestas: una, rodeando el trono en el que se sienta el Señor, y la otra recorriendo los bordes del arca, y tres piedras juntas simbolizando la Trinidad de Dios. Además un personaje ilustre, por amor del santo confesor, clavó al pie del arca, mirando hacia el altar, con clavos de oro, su propio retrato, también de oro, que para honra de Dios aún hoy allí aparece.

 En el otro testero del arca, por la parte de atrás, está esculpida la Ascensión del Señor. En la primera franja aparecen seis apóstoles con los rostros alzados, contemplando al Señor subir al cielo. Sobre cuyas cabezas está escrita la leyenda "Galileos: este Jesús llevado al cielo de entre vosotros, vendrá de igual modo que le habéis visto". En la segunda franja, aparecen otros seis apóstoles; colocados de idéntica forma. A uno y otro lado, los apóstoles están separador por columnas doradas.

 En la tercera franja, se yergue el Señor en trono dorado, con dos ángeles de pie, uno a su derecha y otro a su izquierda, los cuales, fuera del trono, con sus manos muestran el Señor a los apóstoles con, levantando una cada uno e inclinando la otra hacia abajo. Sobre la cabeza del Señor, fuera del trono, hay una paloma como revoloteando sobre El. En la cuarta y más alta franja, esta esculpido el Señor, fuera del trono y junto a El los cuatro evangelistas, a saber: Lucas, representado por un buey, contra la parte del mediodía, abajo; y Mateo en figura de hombre, arriba. En la otra parte, contra el norte, está Marcos en figura de león, abajo; y Juan, a manera de águila, arriba. Pero entiéndase que la Majestad del Señor, que está en el trono, no está sentada, sino en pie, con la espalda vuelta hacia el mediodía y la cabeza erguida, como mirando al cielo, teniendo la mano derecha alzada y sosteniendo en la izquierda una pequeña cruz, de este modo asciende hacia el Padre, que en lo recibe en el remate del arca.

 Así es, pues, el sepulcro de San Gil, confesor, en el que su venerable cuerpo honrosamente descansa. Avergüéncense pues, los húngaros que dicen que poseen su cuerpo; confúndanse totalmente los monjes de Chamalières (15) que sueñan tenerlo completo, que se fastidien los sansequaneses que alardean de poseer su cabeza, túrbense igualmente los normandos de la península de Cotentín, que se jactan de tener todo su cuerpo, puesto que en modo alguno pueden sacarse de sus tierras, como por muchos se afirma, sus sacratísimos huesos. Hubo, en efecto, quien en cierta ocasión intentó llevarse fraudulentamente, fuera de la patria de San Gil (16), a lejanas tierras el venerable brazo del santo confesor, pero en modo alguno fue capaz de marcharse con él. Cuatro son los santos de cuyos cuerpos se cuenta, al decir de muchos, que por nadie pueden ser movidos de sus sarcófagos, a saber: Santiago el Zebedeo, San Martín de Tours, San Leonardo de Limoges y San Gil, confesor de Cristo. Se cuenta que Felipe (17), rey de los francos, intentó en otro tiempo trasladar sus cuerpos a Francia, pero no pudo consiguió por ningún medio moverlos de sus propios sepulcros.

 Pues bien, los que van a Santiago por el camino de Toulouse, deben visitar el sepulcro de San Guillermo (18), confesor, que alférez egregio, y no de los menos significados condes de Carlomagno, muy esforzado soldado y gran experto en las artes de la guerra. Sabemos que con su gran valor conquistó, para la causa cristiana, la ciudad de Nimes, la de Orange y otras muchas. Llevándose consigo un leño de la cruz del Señor, se retiró al valle de Gellone, en donde hizo vida de eremita y en el que reposa honrosamente como bienaventurado confesor de Cristo, desde su santa muerte. Su sagrada fiesta se celebra el día 28 de mayo. En esta misma ruta hay también que visitar los cuerpos de los santos mártires Tiberio, Modesto y Florencia (19), que, en tiempo de Diocleciano sufrieron el martirio por la fe de Cristo, atormentados de varias maneras. Yacen a Sus cuerpos reposan en un hermoso sepulcro a orillas del río Hérault y su festividad se celebra el 10 de noviembre.

 En la misma ruta se ha de visitar también el venerable cuerpo del bienaventurado San Saturnino (20), obispo y mártir. Apresado por los paganos en el Capitolio de la ciudad de Tolouse, fue atado a unos toros muy bravos e indómitos que desde lo alto de la ciudadela, le arrastraron por las escalinatas de piedra abajo, una distancia de una milla; destrozándole la cabeza, vaciándole los sesos y con todo el cuerpo desgarrado entregó dignamente su alma a Cristo. Su sepulcro se halla en un bello emplazamiento junto a la ciudad de Toulouse, donde los fieles levantaron en su honor una enorme basílica, con una comunidad de canónigos regulares bajo la regla de San Agustín. Allí concede el Señor numerosos beneficios a quienes le imploran. Su festividad se celebra el 29 de noviembre.

 Borgoñones y teutones que peregrinan a Santiago por el camino de Puy, deben visitar también el santísimo cuerpo de Santa Fe (21), virgen y mártir, cuya santísima alma, tras haber sido degollado su cuerpo por los verdugos sobre el monte de la ciudad de Agen, fue portada a los cielos como a una paloma por unos coros de ángeles y la adornaron con el laurel de la inmortalidad. Cuando San Caprasio, obispo de Agen, que evitando el furor de la persecución se escondió en una cueva, vio esto, lleno de animo para soportar los tormentos del martirio, se apresuró a dirigirse al lugar del suplicio de la santa virgen, se hizo acreedor de la palma del martirio, echando cara a sus perseguidores la tardanza con que actuaban. Finalmente los cristianos dieron honrosa sepultura al preciosísimo cuerpo de Santa Fe, virgen y mártir, en el valle que vulgarmente se llama Conques (22). Sobre él construyeron una hermosa basílica, en la que, para gloria del Señor, hasta hoy en día se observa escrupulosamente la regla de San Benito. Numerosas gracias se conceden a sanos y enfermos, y ante sus puertas brota una rica fuente, admirable más allá de toda ponderación. Se celebra su festividad el 6 de octubre.

 A continuación en el camino que por San Leonardo de Limoges va a Santiago, se ha de venerar, como se merece, por los peregrinos, en primer lugar, el dignísimo cuerpo de Santa María Magdalena. Esta es, aquella gloriosa María que en casa del leproso Simón regó con sus lagrimas los pies del Salvador, los enjugó con sus cabellos y los ungió con un precioso ungüento, besándolos reverentemente. Por ello "le fueron perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho" a quien a todos ama, es decir, a Jesucristo, su redentor. Esta es, después del domingo de Ascensión del Señor, la que desde las tierras de Jerusalén, llegó por mar con San Maximino (23), discípulo de Cristo, y con otros discípulos del Señor, a la tierras de Provenza, desembarcando en el puerto de Marsella; y en aquella tierra llevó vida solitaria durante varios años, hasta que el mismo Maximino, obispo de Aix (24), la dio sepultura en esa ciudad. Mucho tiempo después, un caballero, santificado por su vida monacal, llamado Badilón (25), trasladó sus preciosos restos desde esta ciudad hasta Vezelay, en donde hasta el día descansa en honrosa sepultura.

 En este lugar se levanta también una enorme y bellísima basílica con una abadía monacal; por intersección de la santa, el Señor perdona sus culpas a los pecadores, a los ciegos les devuelve la vista, suelta la lengua a los mudos, endereza a los paralíticos, libera a los endemoniados y se conceden a otros muchos inefables favores. Sus solemnes fiestas tienen lugar el 22 de julio.

 Asimismo se ha de visitar el sagrado cuerpo de San Leonardo (26), confesor, que perteneciendo a la más rancia nobleza del linaje de los francos y habiendo sido criado en la corte real, renunciando por de Dios Supremo a los pecados del siglo, y en territorio de Limoges, en el lugar que llaman Noblat, durante largo tiempo llevó vida solitaria y eremítica, en medio de ayunos frecuentes y numerosas vigilias, fríos, desnudeces e indecibles trabajos, y finalmente en aquel mismo solitario lugar descansó con santa muerte. Sus sagrados restos dícese que son inamovibles. Así pues, ruborícense los monjes de Corbigny (27), que dicen poseer el cuerpo de San Leonardo, puesto que es imposible, en modo alguno, mover la mas insignificante porción de sus huesos o de sus cenizas. Es verdad que los monjes de Corbigny, y otros muchos, se benefician de sus favores y milagros, pero carecen de su presencia corporal. Como no han podido tener el cuerpo de San Leonardo de Limoges, lo que veneran en su lugar es el cuerpo de un cierto varón llamado Leotardo, que se dice que, colocado en una arca de plata, les llegó de las tierras de Anjou (28). A éste le cambiaron el nombre tras de su muerte, como si hubiera de ser bautizado de nuevo, le impusieron el nombre de San Leonardo, para que con la fama de tan grande y famoso nombre, es decir, de San Leonardo de Limoges, acudiesen los peregrinos y los enriqueciesen con sus ofrendas. Celebran su fiesta el 15 de octubre.

 Primero hicieron de San Leonardo de Limoges el patrono de su basílica; luego pusieron a otro en su lugar al estilo de los siervos envidiosos, que arrebatan por la fuerza a su dueño la heredad propia e indignamente se la dan a otro. Son también semejantes a un mal padre, que arrebata su hija al legítimo esposo y para entregársela a otro. "Cambiaron - dice el Salmista - su gloria por la imagen de un becerro". A los que tal hacen los reprende el sabio con estas palabras: "No entregues tu honor a los extraños". Los devotos peregrinos extranjeros y nacionales que allí llegan, creen encontrar el cuerpo de San Leonardo de Limoges, al cual veneran, y, sin saberlo, hallan a otro por él. Quienquiera que obre milagros en Corbigny, lo que es cierto es que quien libera a los cautivos y les conduce a Corbigny es San Leonardo de Limoges, por más que haya sido desposeído del patronazgo de aquella iglesia. De donde en doble culpa incurren los monjes de Corbigny, porque no veneran a quien con sus milagros les enriquece y no celebran su culto; segundo, en su lugar dar indebidamente culto a otro.

 Así pues, la divina clemencia ya extendió por todo lo ancho y largo del orbe la fama de San Leonardo de Limoges, confesor, cuya poderosísima virtud saca de las cárceles a incontables millares de cautivos, cuyas cadenas de hierro, más bárbaras de los que decirse pueda, unidas a millares, están colgadas en testimonio de tantos milagros, alrededor de su basílica, por dentro y por fuera, a derecha e izquierda. Si en ella vieses los postes cargados de tantas y tan terribles cadenas, te admirarías más de lo que decirse puede. Pues allí penden, en efecto, esposas de hierro, argollas, cadenas, grilletes, cepos, lazos, cerrojos, yugos, yelmos, hoces y diversos instrumentos de los que con su poderosa virtud libró a los cautivos el potentísimo confesor de Cristo.

 Otro motivo de admirarle es que solía aparecerse en forma humana en las mazmorras, incluso allende los mares, a los que sufrían cautiverio, según atestiguan aquellos mismos a quienes por el divino poder liberó. Bellamente se cumplió en él lo que el profeta divino vaticinó al decir: "Con frecuencia liberó a quienes yacían sentados en las tinieblas y en las sombras de la muerte, aherrojados en la miseria y las cadenas. En medio de su tribulación acudieron a él que les libró de sus angustias. Los apartó del camino de la iniquidad, pues rompió las puertas de bronce y quebró sus cerrojos de hierro. Liberó a los encadenados con grilletes y a muchos nobles con esposas de hierro". Muchas a veces también los cristianos han ido a parar, encadenados, a manos de los gentiles, este el caso de Bohemundo (29), quedando así sometidos a quienes les odian, sufriendo tribulaciones de sus enemigos, y humillados bajo sus manos. Más San Leonardo los ha liberado muchas veces, los ha sacado de las tinieblas y de la sombra de la muerte, y ha roto sus ligaduras. A quienes están presos les dice: "Salid", y a los que están en las tinieblas: "Venid a la luz". Su sagrada fiesta se celebran el 6 de noviembre.

 Después de San Leonardo, se ha de visitar, en la ciudad de Périgueux (30), el cuerpo de San Frontón, obispo y confesor, que, consagrado con la orden pontificial en Roma por el apóstol San Pedro, fue enviado con cierto presbítero llamado Jorge a predicar a dicha ciudad. Y habiendo emprendido juntos la marcha, muerto Jorge en el camino y enterrado, volviendo junto al apóstol le contó San Frontón la muerte de su compañero. San Pedro le entregó su báculo diciéndole: "Pon este báculo mío sobre el cuerpo de tu compañero diciéndole: ''Por aquel mandato que recibiste del Apóstol, en nombre de Cristo levántate y cúmplela''".

 Y así se hizo. Por el báculo del apóstol San Fronton recobró de la muerte a su compañero de expedición, y convirtió al cristianismo con su predicación la citada ciudad, ilustrándola con numerosos milagros. Tras su santa muerte en ella, recibió sepultura en la basílica que bajo su advocación se construyó, en la cual, por concesión divina, se otorgan muchos beneficios a quienes le invocan. Hay quienes dicen que San Frontón formó parte del grupo de los discípulos de Cristo. Su sepulcro, que no se asemeja al de ningún otro santo, resulta perfectísimamente redondo, como el del Señor, y aventaja a todos los sepulcros de los demás santos por la belleza de su admirable fábrica. Su sagrada fiesta se celebra el 25 de octubre.

 A su vez, quienes se dirigen a Santiago por el camino de Tours, deben visitar en la iglesia de la Santa Cruz de la ciudad de Orleáns (32), el Lignum Crucis y el cáliz de San Evurcio (31), obispo y confesor. Pues mientras cierto día celebraba misa San Evurcio, a la vista de los que allí estaban apareció en lo alto del altar la mano derecha del Señor, en carne y hueso, y cuanto el celebrante hacía sobre el altar, lo hacía ella misma; cuando el oficiante hacía señal de la cruz sobre el pan y el cáliz, lo hacía aquella igualmente, y, al elevar la hostia o el cáliz, también la propia mano de Dios de igual modo, elevaba el verdadero pan y el cáliz. Concluido el sacrificio, despareció la piadosísima mano del Salvador. De donde se nos da a entender que, sea quien sea el sacerdote que canta la misa, es el mismo Cristo quien la canta. Por lo que el doctor San Fulgencio dice: "No es un hombre quien consagra el cuerpo y la sangre de Cristo, sino el mismo Cristo, que por nosotros fue crucificado". Y San Isidoro dice así: "Ni se hace mejor por la bondad del buen sacerdote, ni peor por la maldad del malo". En la iglesia de la Santa Cruz, para la comunión se usa habitualmente este cáliz, siempre que lo pidan los fieles.

 De igual modo en esta ciudad se ha de visitar el cuerpo de San Evurcio, obispo y confesor. Y también en la misma ciudad, en la iglesia de San Sansón, se ha de visitar el cuchillo que verdaderamente se usó en la última cena del Señor.

 También se ha de visitar en el mismo camino, a orillas del Loira, el glorioso cuerpo de San Martín (33), obispo y confesor, a quien se atribuye haber resucitado a tres muertos, y de quien se cuenta que devolvió la ansiada salud a leprosos, energúmenos, locos, erráticos, lunáticos y demoníacos, y demás enfermos. El sarcófago, en el que, junto a la ciudad de Tours (34), reposan sus sagrados restos, refulge con gran cantidad de oro y plata y piedras preciosas, y resplandece con frecuentes milagros. Sobre él se levanta una enorme basílica (35) de admirable fabrica, puesta bajo su advocación a semejanza de la de Santiago. A ella acuden los enfermos y se curan, los endemoniados quedan libres, los ciegos ven, los paralíticos se yerguen y toda clase de enfermedades sana, por lo que su excelsa fama se ha difundido por todas partes con dignas alabanzas, para gloria de Cristo. Su festividad se celebra el 11 de noviembre.

 Luego ha de visitarse, en la ciudad de Poitiers, el santísimo cuerpo de San Hilario (36), obispo y confesor. Este santo, entre otros milagros, derrotó, lleno de virtud de Dios, la herejía arriana, y nos enseñó a mantener la unidad de la fe. Y el hereje Arrio no pudiendo soportar sus sagradas enseñanzas, abandonó el Concilio, y murió feamente en las letrinas aquejado de una espantosa descomposición de vientre. Además, la tierra, elevándose debajo de San Hilario prestándole asiento. Con su sola voz hizo saltar los cerrojos de las puertas del Concilio; por la fe católica permaneció desterrado en una isla de Frisia (37) durante cuatro años: En Potiers; a una madre que lloraba, le devolvió su hijo, muerto prematuramente con doble muerte (38). Su sepultura, en la que descansan sus sacratísimos y venerables huesos, está adornada con abundante oro, plata y piedras preciosas, y su basílica, enorme y espléndida, es venerada por sus frecuentes milagros. Su sagrada solemnidad se celebra el 13 de enero (39).

 Asimismo ha de ser visitada la venerable cabeza de San Juan Bautista (40), traída de manos de unos religiosos desde tierras de Jerusalén hasta un lugar que se llama Angély, en tierras de Poitou, donde un gran basílica de admirable traza se levanta bajo su advocación, en la cual la santísima cabeza es venerada día y noche por un coro de cien monjes, y se ve esclarecida con innumerables milagros. Durante su traslado esta cabeza obró innumerable milagros por tierra y mar. Pues en el mar ahuyentó muchos peligros de la navegación, y en tierra, según relata el códice de su traslado, volvió a la vida a algunos muertos. Por lo cual se cree que aquél, es con toda certeza la cabeza auténtica del venerable Precursor. Su invención tuvo lugar el 24 de febrero, en tiempos del emperador Marciano (41), cuando el mismo Precursor reveló primero a dos monjes el lugar en el que su cabeza yacía escondida.

 Camino de Santiago han de visitar devotamente los peregrinos, en la ciudad de Saintes, el cuerpo de San Eutropio, obispo y mártir, cuya sagrada pasión escribió en griego San Dionisio, compañero suyo y obispo de París, enviándoselo luego por mediación del Papa San Clemente, a sus padres en Grecia, los cuales ya creían en Cristo. Esta exposición de su martirio la encontré hace tiempo en una escuela griega de Constantinopla, en cierto códice que contenía los martirios de muchos santos mártires, y lo traduje, lo mejor que pude, del griego al latín, para gloria de Nuestro Señor Jesucristo y de su santo mártir Eutropio. Comenzaba así:

"Dionisio, obispo de los francos, griego por su prosapia, al reverendísimo Papa Clemente, salud en Cristo. Os notificamos que Eutropio, a quien enviasteis conmigo a predicar el nombre de Cristo en estas tierras, ha recibido de manos de los infieles la corona del martirio por la fe del Señor en la ciudad de Saintes. Por lo cual suplico humildemente a Vuestra Paternidad que no dilatéis enviar, lo más rápidamente posible a mis parientes, conocidos y fieles amigos de las tierras de Grecia, y especialmente de Atenas, este códice de su pasión, para que ellos y los demás, que en otro tiempo recibieron junto conmigo del apóstol San Pablo las aguas de la nueva regeneración, al oír que un glorioso mártir ha sufrido cruel muerte por la fe de Cristo, se alegren de haber sufrido tribulaciones y sufrimientos por el nombre de Cristo. Y si por casualidad recibiesen de la furia de los gentiles algún tipo de martirio, sepan aceptarlo pacientemente por Cristo, y no lo teman en exceso. Pues todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo es necesario que padezcan oprobios de los impíos y de los herejes, y que sean despreciados como locos y necios. Porque conviene que entremos en el reino de Dios mediante muchas tribulaciones."

Lejos en cuerpo de ti, pero próximo en alma y deseos,
Dígote aquí un "sigue bienadiós" que para siempre sea". (42)


 El glorioso mártir de Cristo Eutropio, amable obispo de Saintes, nacido de la estirpe gentil de los persas, fue oriundo de la más excelsa prosapia de todo el mundo; pues lo engendró según la carne, de la reina Guiva, el emir de Babilonia llamado Jerjes. Nadie pudo ser más sublime que él en linaje, ni más humilde en fe y obras después de su conversión. Educóse en su infancia, en la cultura caldea y griega, igualándose en prudencia y sabiduría a los más altos personajes de todo el reino. Deseando comprobar si en la corte del rey Herodes había alguien con más curiosidad que él, o algo desconocido para él, se dirigió a Galilea.

 Durante el tiempo que permaneció en la corte, le llego el rumor de los milagros del Salvador, y se puso a buscarle de ciudad en ciudad. Encontrándole cuando marchaba a la orilla opuesta del mar de Galilea, es decir, Tiberíades, con una incontable muchedumbre de gente que le seguía, atraída por sus milagros. Entonces, por disposición de la divina gracia, aconteció aquel día que el Salvador, en su inefable largueza, y estando presente Eutropio, sació con cinco panes y dos peces a cinco mil personas. A la vista de este milagro y oída la fama de todos los demás, creyendo ya el joven Eutropio un poco en El, y deseando hablarle, no se atrevía porque temía la severidad de su preceptor Nicanor, a quien su padre, el emir, había confiado su custodia.

 Sin embargo, saciado con el pan de la gracia divina, se dirigió a Jerusalén y, adorando al Señor en el templo, a la manera de los gentiles, regresó a la casa de su padre, a quien comenzó a narrarle todo lo que atentamente había visto en la tierra de donde venía, de esta manera:

"He visto -dijo- a un hombre llamado Cristo, a quien en todo el mundo no puede hallársele semejante. Da la vida a los muertos, la limpieza a los leprosos, la vista a los ciegos, el oído a los sordos, el vigor perdido a los paralíticos y la salud a toda clase de enfermos. ¿Que más? Ante mis ojos sació con cinco panes y dos peces a cinco mil hombres. Y con las sobras llenaron sus discípulos doce cestos. Donde él está no puede haber lugar para el hambre, el frío o la muerte. Si el Creador del cielo y de la tierra se dignase enviarle a nuestro país, ojalá te dignases bríndale el debido honor".

 Oyendo, pues, el emir estas cosas y otras semejantes de su hijo, planeaba en silencio cómo podría verle. Poco tiempo después, apenas conseguida licencia del rey, deseando el muchacho ver al Señor de nuevo, marchó a Jerusalén para orar en el templo. Le acompañaba Warradac (43), general de los ejércitos, y Nicanor, camarero del real y preceptor del niño, y otros muchos nobles que el emir le había asignado para su custodia. Cierto día, al volver éste del templo, encontróse a las puertas de Jerusalén con el Señor, que volvía de Betania, donde había resucitado a Lázaro, entre innumerables turbas que confluían de todas partes. Viendo como los hijos de los hebreos y otras multitudes de gentiles, saliéndole al encuentro, extendiendo flores y ramas de palmeros, olivos y otros árboles por el camino por donde había de pasar, a modo de alfombra, y gritando "¡Hosanna el hijo de David!", alegrándose de modo indecible, se puso solícitamente a extender flores afanosamente ante él. Entonces supo por algunos que El había resucitado de entre los muertos a Lázaro, a los cuatro días de fallecido, y se alegró más aún. Pero, como la excesiva multitud de gentes que afluían por doquier no le dejaban ver bien al Salvador, comenzó a entristecerse sobremanera, pues se contaba él entre aquellos de quienes testifica Juan en su Evangelio, diciendo: "Había, pues, algunos gentiles (44) entre los que habían venido para adorar en el día de la fiesta, los cuales se acercaron a Felipe, que era de la ciudad de Betsaida, y le dijeron: Señor, queremos ver a Jesús"... Y Felipe, en compañía de Andrés, lo comunicó al Señor y enseguida San Eutropio con sus acompañantes, lo pudo contemplar abiertamente y con gran alegría comenzó a creer en El ocultamente.

 Por último se le unió del todo, pero temía la opinión de sus compañeros, a quienes su padre había encargado taxativamente que lo protegiesen eficazmente y le devolviesen a su lado. Entonces supo por algunos que los judíos iban a dar muerte al Salvador y, no queriendo contemplar la muerte de tan gran hombre, partió de Jerusalén al día siguiente. Y habiendo regresado al lado de su padre contó cuidadosamente a todos, punto por punto, en su patria, cuanto del Salvador había visto en tierras de Jerusalén.

 Tras una breve estancia en Babilonia, ansioso de unirse por completo al Salvador y creyéndole todavía vivo corporalmente, volvió de nuevo a Jerusalén, a los cuarenta y cinco días, con un escudero, sin saberlo su padre. Cuando oyó que el Señor al que ocultamente amaba había sido crucificado y muerto por los judíos, mucho se dolió, más al saber que había resucitado de entre los muertos, que se había aparecido a sus discípulos y que triunfalmente había ascendido a los cielos, comenzó a alegrarse mucho. Finalmente, unido a los discípulos del Señor el día de Pentecostés, supo con todo detalle por ellos cómo el Espíritu Santo había descendido sobre ellos en forma de lenguas de fuego, había colmado sus corazones y les había enseñado toda clase de lenguas.

 Lleno del Espíritu Santo regresó a Babilonia y enardecido de amor a Cristo, pasó por la espada a los judíos que encontró en su patria, en castigo por aquellos que en Jerusalén habían condenado a muerte al Señor. Y pasado algún tiempo, al distribuirse los discípulos del Señor hacia las diversas regiones de la tierra, por disposición divina aquellos dos candelabros de oro, radiantes de fe, a saber, los apóstoles del Señor Simón y Tadeo, se dirigieron a Persia. Llegados a Babilonia, expulsaron de sus confines a los magos Zaroen y Arfaxat, que con vacías palabras apartaban a las gentes de la fe. Ambos comenzaron a esparcir por doquier las semillas de la vida eterna y a brillar con toda suerte de milagros. Alegre por su llegada, el santo niño Eutropio, incitaba al rey a abandonar los falsos ídolos de los gentiles, para abrazar la fe cristiana, por la que merecería alcanzar el reino de los cielos. ¿Y a qué más? Enseguida, por la predicación apostólica, el rey y su hijo con grandísimo número de ciudadanos de Babilonia se regeneraron con la gracia del bautismo, recibido de las manos de los mismos apóstoles. Por último, convertida a la fe del Señor; toda la ciudad, los apóstoles constituyeron la iglesia con toda su jerarquías: A Abdías, hombre de confianza, imbuido de la doctrina evangélica, a quien habían traído consigo de Jerusalén, le ordenaron obispo del pueblo cristiano, así como a Eutropio archidiácono, y marcharon a predicar la palabra de Dios a otras ciudades. No mucho tiempo después remataron en otro lugar la vida presente por medio del triunfo del martirio.

 San Eutropio escribió en caldeo y en griego su pasión y, habiendo oído la fama de los milagros y prodigios de San Pedro, príncipe de los apóstoles, que por entonces ejercía en Roma los deberes del apostolado, renunciando por completo al mundo y recibida con licencia de su obispo, pero a espaldas de su padre, marchó a Roma. Fue recibido amablemente por San Pedro, instruido por él en los preceptos del Señor habiendo pasado a su lado algún tiempo, hasta que por mandato y recomendación de San Pedro emprende con otros hermanos la evangelización de la Galia.

 Al entrar en la ciudad llamada Saintes, hallándola muy bien guarnecida en todo su perímetro de antiguas murallas, adornada con altas torres, en un excelente emplazamiento, de una proporción y dimensiones adecuadas, abundante en toda suerte de riquezas y provisiones, colmada de hermosos prados y de claras fuentes; atravesada por un gran río, rodeada de fértiles huertos, pomaradas y viñedos; envuelta en saludable atmósfera, de amenas plazas y calles atractivas por muchos encantos. Comenzó San Eutropio en su celoso afán, a pensar que Dios se dignaría convertir el error de los gentiles y del culto de los ídolos a una ciudad tan bella y tan notable y someterla a la ley de Cristo.

 Así, pues, andando por sus plazas y calles predicaba constantemente la palabra de Dios. En cuanto se percataron los ciudadanos de Saintes, que aquel hombre era extranjero y oyeron en su predicación las palabras Santísima Trinidad y bautismo, hasta entonces desconocidas para ellos, llenos de indignación le expulsaron de la ciudad, tras quemarle con teas y azotarle cruelmente con enormes varas. Soportando pacientemente esta persecución, se construyó en un monte cerca de la ciudad una cabaña de troncos, en la que moró largo tiempo. Durante el día predicaba en la ciudad, y la noche la pasaba en la choza en medio de vigilias, oraciones y lágrimas.

 Al no conseguir convertir al cristianismo, tras un larguísimo período de tiempo, más que a unas pocas personas, recordó el mandato del Señor: "Si algunos no os recibieren o no escucharen vuestras palabras, saliendo de aquella casa o de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies". Entonces volvió de nuevo a Roma en donde, crucificado ya San Pedro, y recibió de San Clemente, que ya era Papa, la orden de regresar a la citada ciudad y, predicando las enseñanzas del Señor, aguardase en ella la corona del martirio. Finalmente, recibido el orden episcopal del mismo Papa junto con San Dionisio, que desde Grecia había ido a Roma, y con los demás hermanos que el mismo san Clemente enviaba a predicar a la Galia, llegó a Auxerre (45). Allí despidiéndose con abrazos de divino amor y lacrimosos saludos, marchó San Dionisio con sus compañeros a la ciudad de París, y San Eutropio, volvió a Saintes fortalecido en su ánimo a sufrir el martirio y lleno de cristiano celo, se fortaleció a sí mismo diciendo: "El señor es mi ayuda, no temeré lo que me haga el hombre." "Aunque los perseguidores maten mi cuerpo no pueden matar mi alma." "La piel por piel! Cuanto el hombre tiene lo dará gustoso por su alma".

 Entonces, entrando constantemente en la ciudad, predicaba como un loco la fe del señor, insistiendo a tiempo y a destiempo y enseñando a todos la Encarnación, Pasión, Resurrección y Ascensión de Cristo, con los demás sufrimientos que se dignó afrontar por la salvación del género humano. Proclamaba además a todos, que solo puede entrar en el reino de Dios quien hubiera renacido por el agua y el Espíritu Santo. Por las noches se albergaba en la citada cabaña, como anteriormente. Así, pues, con su predicación y la pronta asistencia de la divina gracia, fueron bautizados por él muchos paganos de aquella ciudad.

 Entre ellos se regeneró con las aguas bautismales una hija del rey de la misma, llamada Eustella. Al saberlo su padre, abominó de ella y la expulsó de la ciudad. Más ella, consciente de que había sido expulsada por amor de Cristo, se fue a vivir junto a la choza del santo varón. El padre, afligido por el amor de su hija, le envió frecuentes mensajeros para que volviese a casa, pero ella respondió que prefería vivir fuera de la ciudad por amor de Cristo que volver a ella y contaminarse con la idolatría.

 Preso de cólera su padre, convoca a los sicarios de toda la ciudad en numero de ciento cincuenta, y les ordena dar muerte a San Eutropio y a traerle a la muchacha a casa. El día 30 de abril, acompañados de una multitud de gentiles, se llegaron los verdugos a la choza del santo varón donde primero le lapidaron, azotándole luego desnudo con palos y correas plomeadas, para darle finalmente muerte, cortándole la cabeza con segures y hachas. La muchacha, por su parte, en unión de algunos cristianos, le enterró por la noche en su cabaña y, durante toda su vida no dejó de venerarle con continuas vigilias, luminarias y santas exequias. Al partir de este mundo con santa muerte, ordenó que la sepultaran junto al sepulcro de su maestro, en un campo libre suyo. Más tarde, sobre el santísimo cuerpo de San Eutropio levantaron los cristianos en su honor y bajo la advocación de la santísima e individua Trinidad una gran iglesia de admirable traza, en la que muchas veces se curan los enfermos de toda clase de enfermedades, se yerguen los paralíticos, los ciegos recobran la vista y los sordos el oído, los endemoniados quedan libres, y se presta una salvadora ayuda a todos los que de corazón la pidieren. Sobre sus muros suspenden los presos las cadenas de hierro, las argollas, y otros varios instrumentos de diversa naturaleza, de los que San Eutropio libró a los atados con ellos. Que él mismo, pues, con sus dignos méritos y súplicas nos consiga el perdón de Dios, nos purifique de nuestros pecados, avive en nosotros las virtudes, encamine nuestras vidas, en el peligro de la muerte nos arranque de las bocas del infierno, en el juicio final aplaque la tremenda ira del eterno Juez, y nos conduzca al excelso reino de los cielos. Con la gracia de nuestro Señor Jesucristo que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por los infinitos siglos de los siglos. Amén.

 A continuación en la costa, junto a Blaye, se ha de pedir la protección de San Román (46), en cuya iglesia descansa el cuerpo del bienaventurado mártir Roldán, quien siendo de noble linaje, a saber, conde del rey Carlomagno, uno de los doce pares, que animado por el celo de la fe, penetró en España para combatir a los pueblos infieles. Tenía tanta fuerza que, según se cuenta, en Roncesvalles, partió por medio un peñasco de arriba a bajo con tres golpes de su espada, e igualmente rajó por medio su trompa haciéndola sonar con el aire de su pecho. Su trompa de marfil, hendida, está en la iglesia de San Severino (47) en la ciudad de Burdeos, y sobre el peñasco de Roncesvalles se levanta una iglesia.

 Después de haber ganado Roldán numerosas batallas contra los reyes gentiles, y de haber sufrido la fatiga del hambre, del frío y de los excesivos calores, víctima, por amor de Dios, de durísimos golpes y constantes heridas, herido con flechas y lanzas, se cuenta que por último murió de sed en el referido valle, como insigne mártir de Cristo. Sus propios compañeros enterraron con digna veneración su sacratísimo cuerpo en la iglesia de San Román en Blaye.

 A continuación, en la ciudad de Burdeos, ha de visitarse el cuerpo de San Severino (48), obispo y confesor. Cuya festividad se celebra el 23 de octubre (49).

 Igualmente se han de visitar en las Landas de Burdeos, en la villa que se llama Belín, los cuerpos de los santos mártires Oliveros, Gandelbodo, rey de Frisia, Ogiero, rey de Dacia, Arestiano, rey de Bretaña, Garín, duque de Lorena, y de otros muchos guerreros de Carlomagno, que, tras derrotar a los ejércitos paganos, fueron muertos en España, por la fe de Cristo. Cuyos preciosos cuerpos llevaron sus compañeros hasta Belín y los enterraron allí respetuosamente. Yacen, pues, todos juntos en un único sepulcro del cual se exhala un suavísimo aroma que cura a los que lo aspiran.

 A continuación, en España hay que visitar el cuerpo de Santo Domingo, confesor, que construyó el tramo de calzada en el cual reposa, entre la ciudad de Nájera y Redecilla del Camino.

 Hay que visitar también los cuerpos de los santos mártires Facundo y Primitivo, cuya basílica levantó Carlomagno. Junto a la villa de éstos se encuentran la alameda en la que se dice que reverdecieron las astas de las lanzas de los guerreros, clavadas en el suelo. Se celebra su solemnidad el 27 de noviembre.

 Luego, en la ciudad de León, se ha de visitar el venerable cuerpo de San Isidoro (50), obispo, confesor y doctor, que instituyó una piadosa regla para los clérigos de su iglesia, y que ilustró a los españoles con sus doctrinas y honró a toda la Santa Iglesia con sus florecientes escritos.

 Finalmente, en la ciudad de Compostela se ha de visitar, con sumo cuidado y devoción el cuerpo del dignísimo apóstol Santiago.

 Que todos estos santos, con todos los demás santos de Dios, nos asistan con sus méritos y súplicas ante Nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina, Dios por los infinitos siglos de los siglos. Amén.

(1)San Trófimo, obispo de Arlés en el siglo I, dió su nombre a la catedral, de la cual se remontan ciertas partes a la época de la Guía; más no se trata del mismo Trófimo mencionado por San Pablo en su Epístola II a Timoteo 4, 20.
(2)San Zósimo, papa (417-18) y autor de epístolas acerca de los privilegios de la iglesia de Arlés y otros asuntos.
(3)San Cesáreo, arzobispo de Arlés hacia 502-43 y el mayor predicador popular de la Iglesia latina, fundó un monasterio de monjas con su hermana abadesa y bajo una regla suya. Su festividad cae el 27 de agosto. El 1º de noviembre se celebra el martirio de otros dos santos del mismo nombre, San Cesáreo de Terracina y San Cesáreo de Damasco.
(4)San Honorato de Lerins (t 429), fundador en esta isla, frente a Cannes, de un monasterio y de una escuela que gozaron de gran fama, y obispo de Arlés. Su discípulo y sucesor Hilario de Arlés fué biógrafo. Existe aún en Aliscamps la iglesia de San Honorato (y San Ginés) con muros carolingios, aunque reformada varias veces.
(5)San Ginés, soldado y escribano en Arlés, martirizado un 25 de agosto a principios del siglo IV; pero hay otro San Ginés, actor y mártir bajo Diocleciano -patrono de los actores-, y un tercero, confesor, cuyos restos descansan cerca de Cartagena, lo cual explica la confusión del texto.
(6)Trinquetaille (Trenquatalla) es un "faubourg" de Arlés, según Bédier y Mlle. Vielliard, quie añade que la columna estuvo en su sitio hasta 1806 y dió a la iglesia el nombre de Saint-Genès de la Colonne, y cita sobre la difusión del culto del santo y sus homónimos en Francia, Italia y en particular España.
(7)Se traduce por vaso la palabra cypho que está seguramente por scypo; pero según Gómez-Moreno cipho designaba un canuto para sorber.
(8)El cementerio de Aliscamps (Aliscampis) databa de la época romana. Consagrado por San Trófimo, nació la creencia de que Jesucristo en persona había aparecido en el momento de la cremonia por lo cual fué el lugar apetecido por los cristianos de Arlés para sepultura. El gran número de sepulcros en él reunidos dió origen a la leyenda de haber sido enterrado allí un ejército, que tuvo dos manifestaciones: la de que allí yacían los guerreros de Carlomagno, recogida aquí en el Libro IV (Turpín) al final del capítulo XXI, y la de que allí habían tenido lugar sangrientas batallas contra los sarracenos, que encontró eco literario en la Chanson des Aliscans, perteneciente al ciclo de Guillermo de Orange.
(9)El texto de la edición latina dice dictatu intelligibili, pero parece mejor el sentido de inintelligibili. En cuanto a su tradución "dans une langue inintelligible" debe entenderse a lo más en sentido de que estaban en un latín difícil de leer o de entender.
(10)Se alude a los incestuosos amores de Carlomagno que dieron por fruto a Roldán, según la leyenda que pugna con la que le hace hijo de Berta y Milón, y al legendario privilegio del santo para dispensar de la confesión.
(11)El texto de la edición latina dice Tedet memori quia narrare nequeo y no resulta claro.
(12)Nimes, capital hoy del departamento del Gard, es la antigua Nemausus, de cuyo florecimiento en la época romana dan fe los monumentos que conserva y entre los cuales sobresalen el anfiteatro, el templo de Diana y la famosa "Maison Carrée". Tuvo obispado en el siglo III.
(13)En latín son dos hexámetros y aquí van traducidos como un dístico elegíaco. Los cuatro versos de más abajo forman dos dísticos elegíacos y son leoninos de rima imperfecta, y traducidos como dos dísticos van.
(14)El texto latino dice trostee, genit. de trostera; pero se traduce como si fuera tructa, por "trucha".
(15)Acerca de estas cuatro gentes observa Mlle. Vielliard lo siguiente: Que los Acta Sanctorum, septiembre, I, 286, hablan de la especial devoción de los húngaros a San Gil. Que no ha podido identificar a los "camelleros" (Cammelarii del texto, "Chameliers", en su traducción), y se pregunta si son verdaderamente conductores de camellos, como cree el abate Nicolás, o habitantes de alguna localidad, por ejemplo Chamaliéres o Saint-Camelle en el Aude. Esto parece más probable y en tal caso habría que decir mejor "cameleses" o "camelanos", o cosa parecida. Que los sansecuaneses (Sanctisequaninci, "Saints-Séquanais"), que dicho abate traduce por "Bourguignons", son más precisamente los habitantes de Saint -Seine; pero hay varias localidades con este nombre y no se sabe cuál se gloriaba de poseer las reliquias de San Gil. Que a los últimos (Constanciani Normanni) los hace el mismo abate de "Constance", lo cual es inadmisible, aunque tampoco sabe que Coutances (Manche) haya poseído o creído poseer el cuerpo del santo.
(16)En la iglesia del Santo Sepulcro de Cambrai se veneraban las reliquias de San Gil.
(17)Se identifica a este Felipe con Felipe Augusto, porque "juraba por los huesos, el brazo, la lanza de Santiago", lo cual es cronológicamente imposible, y no pudo ser otro que Felipe I (t 1108), pero nada prueba que este rey hiciera peregrinación a Compostela.
(18)Guillermo de Aquitania, conde de Touluse y después monje de Gellone tras haber guerreado victoriosamente contra los sarracenos (t 28-V-812). Es el Guillermo de Orange de las gestas.
(19)Los tres santos sufrieron el martirio de Agde, la antigua Agatha, el año 304. Sus cuerpos descansaban en la abadía benedictina de Saint-Thibéry, fundada hacia el 770 y destruída en la revolución. El río Hérault baja los Cévennes y desagua en el Mediterráneo poco después de pasar por Agde.
(20)San Saturnino predicó también en Pamplona y en Toledo. El relato de su martirio es casi igual en la Légende Dorée de J. de Voragine. La basílica de Saint-Sernin en Toulouse era la más amplia y grandiosa réplica de la compostelana, con sus cinco naves.
(21)Santa Fé nació en Agen, aunque según otros en Portugal, y fué martirizada en la persecución de Diocleciano a principios del siglo IV. El P.Croisset dice que su cuerpo fué trasladado varios siglos después al monasterio catalán de San Cugat del Vallés.
(22)Conques de Rouergue, departamento del Aveyron, centro importante de devoción medieval con una abadía y una basílica en la cual han querido ver algunos arqueólogos franceses el modelo de la de Santiago.
(23)San Maximino, primer obispo de Aix, uno de los setenta y dos díscipulos del Señor mencionados por San Lucas, 10, 1 y 17.
(24)Aix, antigua capital de la Provenza, Aquae Sextiae de los romanos, donde Mario derrotó a los teutones el año 102 a.de C. Está en el departamento de Bouches-du-Rhône, cerca de Marsella.
(25)Badilón o San Badilón, monje quizá de Vézelay que, según las tradiciones del monasterio, trasladó a él los restos de Santa María Magdalena desde Jerusalén o desde Aix y que con el nombre de Bedelón aparece en la canción de la gesta de Girara de Roussillon.
(26)San Leonardo, confesor, perteneciente a una noble familia de la corte de Clodoveo.
(27)Corbigny, pueblo del departamento del Nièvre, que debió su importancia a un monasterio benedictino fundado por Egila, abad de Flavigny (864). Dependió de aquí al principio, pero a fines del siglo XI se constituyó en abadía que fue reconocida definitivamente a principios del siglo XII. Hacia esta época se fija el traslado allí de los restos de San Leonardo, bajo cuya advocación quedó el monasterio.
(28)Anjou, antigua provincia francesa cuyo nombre como el de su capital Angers se remonta al pueblo galo de los Andecavi. En la Edad Media constituyó un condado y luego un ducado que sucesivamente perteneció a la corona inglesa y a la francesa y fue independiente, hasta que se incorporó definitivamente al reino de Francia en 1480.
(29)Bohemundo, hijo de Roberto Guiscardo, príncipe de Antioquía (t 1111), cayó en Oriente prisionero de los infieles en una expedición a Mesopotamia y fue rescatado dos años después.
(30)Périgueux (Petragoricas) antigua capital de la tribu gala de Petrocorii y luego de la provincia de Périgord, cuyo nombre como el de la ciudad proceden del tribal, y actualmente del departamento del Dordoña. Fué obispado desde el siglo IV y conserva, con otros restos arqueológicos, su interesante catedral de cruz griega con los brazos cubiertos por cúpulas bizantinas aparentes al exterior. Sobre San Forntón, obispo, y el presbítero Jorge existe en el museo de Périgord un bajo relieve muy gastado que representa a San Pedro dando a San Frontón el báculo pastoral y que decoraba el piñón de la fachada de la iglesia del siglo XI.
(31)San Evurcio, quizá sea un obispo que algunos calendarios flamencos conmemoran como el santo el 2 de febrero con el nombre de Euberto.
(32)Orleáns,capital hoy del departamento del Loiret, sobre el codo del Loira, fué la antigua Cenabum cuya población fué casi aniquilada por César por haber iniciado la gran sublevación del año 52 a.de C. con la matanza de los comerciantes romanos. Reaparece luego con gran prosperidad y con el nombre de Aurelianus o Aureliani, base del actual. Tiene obispado desde el siglo IV y ha desempeñado importante papel en la historia de Francia, especialmente durante la guerra de los Cien Años, cuando su nombre se unió para siempre al de su libertadora Juana de Arco.
(33)San Martín, obispo de Tours y confesor (t 397), santo muy popular por sus virtudes y milagros, cuya vida escribió y publicó a poco de su muerte su gran amigo el historiador Sulpicio Severo, ha contribuído mucho a su popularidad por haber dado origen a una literatura hagiográfica en torno suyo.
(34)Tours, antigua capital de los galos Turones que se llamó Caesarodunum y tomó luego el nombre de la tribu, capital después de la Turena y hoy del departamento del Indre-et-Loire
(35)San Martín era el más célebre y el más frecuentado de los santuarios que los peregrinos encontraban en el más occidental de los caminos de Santiago, el que pasaba por Tours, Poitiers, Saintes y Burdeos. La basílica de San Martín hoy desaparecida fue el modelo común de las grandes iglesias de peregrinación, incluídas Saint-Sernin de Toulouse y Santiago de Compostela.
(36)San Hilario, (¿310-367?), obispo de Poitiers de donde era natural, confesor y primer doctor de la Iglesia latina. Fue llamado el "San Atanasio de Occidente", por su lucha tenaz contra el arrianismo.
(37)A Frigia o por lo menos al Oriente fué desterrado San Hilario al negarse a aceptar las fórmulas arrianas que pretendía imponer Constancio (350-60).
(38)La muerte del cuerpo y del alma por haber muerto sin bautismo.
(39)Actualmente la festividad de San Hilario se celebra el 14 de enero, porque el 13, día de su muerte, coincidía con la octava de la Epifanía.
(40)Saint-Jean-d'Angély, departamento del Charente-Inférieure, que surgió en el siglo XI al cobijo de la abadía allí existente y adquirió gran prosperidad gracias a las peregrinaciones. En 1010 el abad Alduino anunció el descubrimiento de la cabeza del Bautista y convocó a varios soberanos para el acto de mostrarla a los fieles, al cual acudieron Roberto el Piadoso, de Francia, Sancho el Mayor, de Navarra, y otros principes, condes y prelados; pero ya el monje Ademar de Chabannes (988-1034) ponía en duda su autenticidad y los Acta Sanctorum (junio IV, 754 ss.) la dan como una invención fabulosa.
(41)Parece referirse al emperador bizantino Marciano (450-57); pero el P.Croisset pone este acontecimiento en tiempos de Constantino (306-337) e indica la distribución de la reliquia.
(42)Los dos versos en latín son hexámetros leoninos y traducidos un dístico elegíaco.
(43)Este general es el Baradach que aparece en la vida de San Simón y San Judas Tadeo del P.Croisset.
(44)Las traduciones de Nácar-Colunga y Bover-Cantera dicen "griegos" en vez de gentiles de la Vulgata, de acuerdo con el texto griego; mas como en el Nuevo testamento los griegos se oponen a los judíos, vienen a ser los gentiles.
(45)Auxerre (Autisiodorum), capital del departamento del Yonne. Tuvo obispado desde mediado el siglo III y allí se celebró un concilio (578).
(46)San Román, díscipulo de San Martín y evangelizador de Blavium, según cuenta Gregorio de Tours, fué enterrado allí a su muerte (385) y pronto se le tuvo por patrón de los viajeros y marineros. Antes del 593 se fundó en su honor en Blaye una abadía de agustinos que fué destruída por los ingleses en 141 y la iglesia demolida por Luis XIV en 1676.
(47)La colegiata de San Severino o Saint-Seurin es una de las más antiguas iglesias de Burdeos, edificada sobre un cementerio galo-romano. La Chanson de Roland atribuye a Carlomagno el haber depositado en ella el olifante, que según Turpín fué trasladado indignamente de San Román de Blaye.
(48)En esta misma iglesia entierra también a Oliveros y al arzobispo Turpín la Chanson de Roland.
(49)San Severino, obispo de Burdeos hacia 410-420 y patrono de la ciudad. Tuvo allí dedicada una abadía primero de benedictinos y después de acnónigos regulares. Fué también obispo de Colonia.
(50)San Isidoro de Sevilla (570?-636), el ilustre metropolitano hispalense, universalmente conocido por su enciclopédica labor literaria en que recogió gran parte del saber antiguo y lo transmitió a la posteridad. En Sevilla nació y murió, y fue allí sepultado en la iglesia de San Vicente; pero en 1063 Fernando I trasladó sus restos a León donde erigió para albergarlos la magnífica iglesia románica de su nombre.

Capítulo IX

Entre dos ríos, uno de los cuales se llama Sar y el otro Sarela (2), está situada la ciudad de Compostela. El Sar se encuentra al oriente, entre el Monte del Gozo y la ciudad; el Sarela al poniente. Siete son las entradas (3) y puertas de la ciudad. La primera entrada se llama Puerta Francesa; la segunda, Puerta de la Peña; la tercera, Puerta de Subfratribus; la cuarta, Puerta del santo Peregrino, la quinta, Puerta Fajera, que conduce a Padrón; la sexta, Puerta de Susannis; la séptima, Puerta de Mazarelos, por la cual llega el precioso licor de baco a la ciudad (4).

 Habitualmente se cuentan en la ciudad diez iglesias, entre las que, situada en el centro, resplandece gloriosa como la más importante, la del gloriosísimo apóstol Santiago, el hijo del de Zebedeo; la segunda es la de San Pedro (5), apóstol, que es abadía de monjes, situada junto al camino francés; la tercera es la de San Miguel (6), llamada de la Cisterna; la cuarta, también abadía de monjes, es la de san Martín obispo (7), llamada de Pinario; la quinta, es la de la Santísima Trinidad (8), que es el cementerio de los peregrinos; la sexta es la de la Santa Susana virgen (9), situada junto al camino de Padrón; la séptima es la de San Félix (10), mártir; la octava la de San Benito (11); la novena, la de San Pelayo (12), mártir, situada detrás de la iglesia de Santiago; la décima, es la de Santa María Virgen (13), que está detrás de la de Santiago, y con acceso directo a la misma catedral, entre el altar de San Nicolás y el de la Santa Cruz.

 La basílica de Santiago tiene, pues de longitud, cincuenta y tres alzadas de hombre, a saber, desde la puerta occidental hasta el altar del Salvador (14). De anchura, en cambio, es decir, desde la Puerta Francesa hasta la del mediodía, tiene treinta y nueve. Su altura por dentro mide catorce alzadas. Su longitud y su anchura por fuera no hay quien pueda saberlo. La iglesia en sí consta de nueve naves en la parte inferios y seis en la superior, y una capilla mayor, en la que se halla situado el altar del Salvador (15), y una girola y cuerpo y con dos brazos, y otras ocho capillas pequeñas más, cada una con su respectivo altar.

Planta de la Catedral De aquellas nueve naves, seis son pequeñas y tres grandes. La primera nave, la principal, va desde la puerta occidental hasta los pilares centrales, que en número de cuatro, sustentan toda la iglesia, y tiene una navecita a la derecha y otra a la izquierda. A su vez las otras dos naves grandes se hallan dispuestas en los dos brazos y la primera de ellas se extiende desde la Puerta Francesa hasta la puerta meridional. Estas naves tienen a su vez dos navecillas laterales. Las tres naves principales alcanzan hasta el techo de la iglesia, mientras que las seis pequeñas alcanzan sólo hasta las media cimbras. Las naves grandes tienen todas una anchura once alzadas y media de hombre. La alzada de un hombre decimos que son justos ocho palmosn (16). En la nave mayor hay 29 pilares: 14 a la derecha y otros tantos a la izquierda, más otro en el interior, entre los dos portales, mirando al aquilón (17), y el cual separa los ciborios. En las naves del crucero, por otro lado, es decir, desde la puerta Francesa hasta la del mediodía, hay 26 pilares: doce a la derecha y otros tantos a la izquierda, y dos delante de las puertas en el interior, los cuales separan los ciborios y los portales. En el ábside (18) de la iglesia hay otras ocho columnas exentas, en torno al altar de Santiago. Las seis naves pequeñas de arriba, en el triforio de la iglesia, son de la misma longitud y anchura que las correspondientes que están debajo de ellas. Por uno de sus costados están soportados por muros, y por el otro por pilares que desde las grandes naves, ascienden hasta lo alto, y por unos dobles pilares, que son llamados por los canteros medias cindrias.

 En las naves de arriba hay tantos pilares como en las de abajo, y arriba, en el triforio, tantos arcos fajones (19) como abajo. Pero en las naves del triforio, entre pilar y pilar, hay siempre dos columnas juntas, llamadas cindrias por los canteros.

 En esta iglesia, en fin, no se encuentra ninguna grieta ni defecto; está admirablemente construida, es grande, espaciosa, luminosa, armoniosa, de conveniente tamaño, bien proporcionada en anchura, longitud y altura, y de admirable e inefable fábrica. Además tiene doble planta, como un palacio real. Quien recorre por arriba las naves de triforio, aunque suba triste se anima y alegra al ver la espléndida belleza de este templo.

 Las vidrieras que hay en la catedral alcanzan el número de 63. Sobre cada uno de los altares del ábside, hay tres. En cambio, en el cielo de la basílica, en torno al altar de Santiago hay cinco vidrieras por las que el altar del Apóstol recibe una intensa iluminación. Y arriba, en el triforio, el número de vidrieras alcanza 43 (20).

 Tres pórticos mayores y siete pequeños tiene la iglesia: el primero, es decir, el principal, mira al poniente, el segundo al mediodía, y el tercero al norte. En cada pórtico hay dos entradas, y en cada una de ellas dos puertas. De los siete pórticos pequeños, el primero se llama de Santa María; el segundo, de la Vía Sacra; el tercero, de San Pelayo; el cuarto, de la Canónica; el quinto, de la Pedrera, el sexto, igualmente de la Pedrera y el séptimo, de la Escuela de Gramáticos. Este da acceso además al palacio arzobispal (21).

 Cuando nosotros, los de nación francesa, queremos entrar en la basílica del Apóstol, lo hacemos por la puerta septentrional. Delante de esta entrada, junto al camino, se halla el hospital de peregrinos pobres de Santiago, y a continuación, al otro lado de la calle, se encuentra un atrio del que se baja por nueve peldaños. Al pie de la escalera de este atrio, existe una admirable fuente que no tiene pareja en el resto del mundo. Se asienta esta fuente sobre tres escalones de piedra, que sostienen una hermosísima taza de piedra, de forma circular, y cóncava, a manera de cubeta o cuenco, de tal tamaño que yo calculo que pueden cómodamente bañarse quince hombres. En su centro reposa una columna de bronce, de fuerte base heptagonal (22) y de una altura proporcionada. De su remate surgen cuatro leones, de cuyas bocas salen cuatro chorros de agua, para mitigar la sed a los peregrinos de y a los habitantes de la ciudad. Y estos chorros, después que salen de la boca de los leones, caen en a la misma taza de abajo y desagua en forma subterránea por un orificio perforado en ella. Y así ni se ve de donde viene el agua ni a dónde va. Es un agua aquella dulce, nutritiva, sana, clara, muy buena, templada en invierno y fresca en verano. En la columna de bronce, bajo las garras de los leones, está grabado todo alrededor, en dos líneas, este texto:

YO BERNARDO, TESORERO DE SANTIAGO (23), TRAJE AQUI ESTA AGUA Y EJECUTE LA PRESENTE OBRA PARA REMEDIO DE MI ALMA Y DE LAS DE MIS PADRES, EL DIA TERCERO DE LOS IDUS DE ABRIL DE LA ERA MCLX.

 (24)Detrás de la fuente está, según dijimos, el paraíso (atrio), pavimentado de piedra, en el que, entre los emblemas de Santiago, se venden a los peregrinos las típicas conchas (25). Se venden allí también botas de vino, zapatos, morrales de piel de ciervo, bolsas, correas, cinturones y toda suerte de hierbas medicinales y demás especias, así como otros muchos productos. Los cambiadores, los hospederos y otros mercaderes están en la rua Francígena. La extensión el paraíso es en ambos sentidos de un tiro de piedra. 

 Detrás de este atrio (paraíso), se encuentra, pues, la puerta septentrional (26) o Francesa de la basílica de Santiago, en la cual hay dos entradas, bellamente esculpidas con los siguientes elementos: en cada entrada se encuentra, por la parte de fuera, seis columnas, unas de mármol y otras de piedra, tres a la derecha y tres a la izquierda, es decir, seis en una entrada y seis en la otra, lo que en total hace doce. Sobre la columna adosada al muro que por la parte de fuera separa los dos pórticos, está el Señor sentado en un trono de majestad, impartiendo la bendición con la mano derecha y sosteniendo un libro con la izquierda.

 Rodeando el trono, y como sosteniéndolo, aparecen los cuatro evangelistas; a su derecha está representado el paraíso, donde el Señor vuelve a aparecer reprendiendo por su pecado a Adán y a Eva; y a la izquierda, en otra representación, expulsándolos del paraíso. Allí mismo, hay representados por doquier innumerables imágenes de santos, bestias, hombres, ángeles, mujeres, flores y demás criaturas, cuyo significado y formas no podemos describir por su gran número. Sin embargo, sobre la puerta de la izquierda, según entramos en la catedral, es decir, en el tímpano, está representada la anunciación de la santísima Virgen María. Aparece también el ángel Gabriel dirigiéndole la palabra, a la izquierda de la entrada lateral, sobre las puertas, aparecen labrados los meses del año y otras muchas hermosas alegorías (27). En las paredes hay en la parte de fuera, aparecen dos enormes y feroces leones, uno a la derecha y otro a la izquierda, que miran siempre a las puertas en actitud vigilante. Arriba, en las jambas, aparecen los cuatro apóstoles sosteniendo cada uno en su mano izquierda sendos libros y con las diestras elevadas impartiendo la bendición a los que entran en la catedral; en la puerta de la izquierda, a la derecha, está Pedro, y a la izquierda, Pablo; y en la entrada derecha, a la derecha, el apóstol Juan, y a la izquierda Santiago. Además sobre las respectivas cabezas de los apóstoles aparecen esculpidas unas cabezas de bueyes que sobresalen de los dinteles.

 La puerta meridional (28) de la basílica del Apóstol tiene, como hemos dicho, dos entradas y cuatro hojas. En la entrada de la derecha, por la parte de fuera está esculpida, en primer término, de modo admirable, sobre las puertas, el prendimiento del Señor. Allí se le ve atado a la columna a manos de los judíos, y azotado con correas, mientras Pilatos está sentado en su trono en actitud de juez. En la franja siguiente, encima de la anterior, aparece la bienaventurada Virgen María, madre de Dios, con su Hijo en Belén, y los tres Reyes que vienen con su triple ofrenda a visitar al Niño y a la Madre, y la estrella y el ángel que les advierte que no vuelvan al palacio de Herodes.

 En las jambas de esta misma entrada hay dos apóstoles, uno a la derecha y otro a la izquierda, a modo de guardianes. Igualmente en la otra entrada de la izquierda, en las jambas se entiende, hay otros dos apóstoles. En primer término de la misma entrada, sobre las puertas, está esculpidas las tentaciones del Señor. En efecto, ante el Señor aparecen unos horribles ángeles negros como monstruos, colocándole sobre el pináculo del templo. Otros le presentan piedras, incitándole a que las convierta en pan, mientras otros le muestran los reinos del mundo, insinuando que se los darán si postrándose los adora, ¡cosa que no quiera Dios! Pero hay también otros Ángeles blancos, es decir, buenos, a su espalda y por arriba. adorándole con incensarios.

 En el mismo pórtico aparecen cuatro leones, uno a la derecha en una de las entradas, y otro a la izquierda, en la otra. En la parte de alta del pilar, entre las dos entradas, hay otros dos feroces leones, con las grupas apoyadas el uno contra el otro. En el mismo pórtico hay además once columnas: cinco a la derecha, en la entrada de la derecha, y otras tantas a la izquierda, en la entrada izquierda; mientras que la undécima está entre las dos entradas, dividiendo los ciborios. Estas columnas, unas de mármol, de piedra otras, están admirablemente esculpidas con imágenes de flores, hombres, aves y animales. El mármol es de color blanco.

 Y no se ha de echar en el olvido que junto a la escena de las tentaciones del Señor, está representada una mujer sosteniendo entre sus manos la cabeza putrefacta de su amante, arrancada por su propio marido, quien la obliga a besarla dos veces por día. ¡Grande y admirable castigo para contárnoslo a todos esta mujer adúltera!

 En la zona superior, sobre las cuatro puertas, hacia el triforio de la iglesia, resplandece con hermosura un llamativo conjunto de piezas de blanco mármol. Aparece, en efecto, allí el Señor en pie, San Pedro a su izquierda con las llaves en las manos, Santiago a la derecha entre dos cipreses, y junto a él, San Juan. A derecha e izquierda están los demás apóstoles. Así pues, el muro, por arriba y por abajo, a derecha y a izquierda, está bellamente labrado con flores, hombres, santos, bestias, aves, peces y otros motivos que no podemos describir. Finalmente, sobre los ciborios (29), hay cuatro ángeles con sendas trompetas anunciando el día del juicio.

 La puerta occidental (30) con sus dos entradas, aventaja a las demás en belleza, tamaño y arte. Es mayor y más hermosa que las otras y está admirablemente labrada, desde fuera se accede por numerosos peldaños y está decorada con columnas de mármol de diversos tipos, con distintas representaciones y de varios estilos: hombres, mujeres, animales, aves, santos, ángeles, flores y labores de adornos de diversa índole.

 Son tantos los motivos que la decoran, que me es imposible describirlos. Sin embargo, señalemos que en la parte de arriba se representa, admirablemente esculpida, la transfiguración del Señor, tal cual sucedió en el monte Tabor. Aparece, en efecto, en ella el Señor, envuelto en una blanca nube, con el rostro resplandeciente como el sol, y la túnica brillándole como la nieve; el Padre le habla desde loa alto, mientras que Moisés y Elías, que se le aparecieron al tiempo, hablan con El de la muerte que había de afrontar en Jerusalén. Allí aparecen también Santiago, Pedro y Juan, a quienes antes que a todos mostró el Señor su Transfiguración con preferencia a los demás.

 Nueve torres habrá en este templo: dos sobre el pórtico de la fuente, otras dos sobre el pórtico del mediodía, otras dos sobre el pórtico occidental, otras dos sobre cada una de las escaleras de caracol (31), y otra mayor sobre el crucero en el centro de la basílica. Gracias a ellas y a las demás bellísimas realizaciones, la catedral de Santiago resplandece con gloriosa magnificencia. Está toda ella hecha de poderosos bloques de piedras vivos, grisáceos y de una gran dureza como el mármol; en su interior está decorada con diversas clases de pinturas y por fuera muy bien cubierta con tejas y plomo (32). Pero de todo lo que hemos dicho parte está completamente terminado y parte por terminar.

 Los altares de este templo (33) van por este orden: primero, junto a la puerta Francígena, que se halla en la parte izquierda, está el altar de san Nicolás; después el de la Santa Cruz; luego ya en el ábside el altar de Santa Fe, virgen; después, el de San Juan apóstol y evangelista, hermano de Santiago; viene luego el altar del Salvador, en la capilla mayor del ábside; Enseguida está el altar de San Pedro apóstol; sigue el de San Juan Bautista. Entre el altar de Santiago y el del Salvador está el de Santa María Magdalena (34), donde se cantan las misas tempranas para los peregrinos. Arriba, en el triforio del templo, hay tres altares: el principal dedicado a San Miguel arcángel; en la parte derecha, otro dedicado a San Benito; y otro en la izquierda, el de los santos Pablo apóstol, y Nicolás obispo. Es aquí donde se halla la capilla del arzobispo (35).

 Pero puesto que hasta aquí hemos tratado de las características del templo, trataremos ahora del venerable altar del Apóstol. Pues en esta venerable basílica, es tradición que descansa con todos los honores, el cuerpo venerado de Santiago, guardado en un arca de mármol (36), en un magnífico sepulcro abovedado, trabajado admirablemente y de conveniente amplitud, bajo el altar mayor, que se levanta en su honor.

 Este cuerpo se encuentra también entre los inamovibles, según testimonio de San Teodomiro, obispo de la ciudad, que fue quien en su día lo descubrió y en modo alguno pudo moverlo. Ruborícense, pues, los émulos transpirenaicos, que afirman poseer una parte de él o reliquias suyas. Porque el cuerpo del Apóstol se encuentra íntegro allí, divinamente iluminado con celestiales carbunclos, honrado con fragantes y divinos aromas que exhalan sin cesar, y adornado con refulgentes luminarias celestes, y fervientemente agasajado por angélicos presentes.

 Sobre su sepulcro hay un pequeño altar, que, según se dice, fue levantado por sus discípulos, y que por amor al Apóstol y a sus discípulos, nadie ha querido demoler después. Sobre este se levanta un altar grande y maravilloso, de cinco palmos de altura, doce de largo y siete de anchura. Estas medidas las he tomado yo con mis propias manos. El altar menor está encerrado bajo el grande por tres lados, a saber, por la derecha, por la izquierda, y por atrás, pero abierto por el frente, de forma que, quitando el frontal de plata (37), se puede ver perfectamente el altar viejo.

 Si alguien, por devoción a Santiago, quisiera regalar un mantel o un lienzo para cubrir su altar, debe enviarlo de nueve palmos de ancho y veintiuno de largo. Pero si por amor de Dios y devoción al Apóstol, alguien quiere regalarle un palio para cubrir el altar por delante, procure que su anchura sea de siete palmos y trece de ancho.

 El frontal que cierra el altar está bellamente trabajado en oro y plata. Tiene esculpido en su centro el trono del Señor, rodeado por los veinticuatro ancianos, ordenados como San Juan, hermano de Santiago, los vio en su Apocalipsis, a saber, doce a la derecha y otros tantos a la izquierda, con cítaras y pomos de oro llenos de perfumes en sus manos. En el centro está sentado el Señor, como en trono de majestad, sosteniendo en la mano izquierda el libro de la vida y dando la bendición con la derecha. En torno al trono, como sosteniéndolo, están los cuatro evangelistas. Los doce apóstoles están ordenados a derecha e izquierda, tres en la primera fila a la derecha y tres encima; igualmente hay tres en la primera línea de abajo a la izquierda, y tres en la de arriba. Hay también hermosas flores en derredor y entre los apóstoles muy bellas columnas. El frontal, de bella y fina labor, en la parte alta tiene grabados estos versos:

Diego segundo, prelado que fue de Santiago, esta tabla
Hizo, cuando un quinquenio su episcopado cumplió,
Y del tesoro del Santo Apóstol setenta con cinco (38)
Marcos de plata, para coste de la obra contó.

 En la parte baja, se encuentra también esta inscripción:

Rey era entonces Alfonso, y su yerno el Conde Raimundo (39)
Cuando el prelado dicho tal obra a cabo llevó.

Ciborio de la Catedral El ciborio que cubre este venerado altar está admirablemente decorado por dentro y por fuera con pinturas y dibujos y con diversos adornos. Es cuadrado, descansa sobre cuatro columnas y está hecho de altura y medidas proporcionadas. En el interior, en la primera línea aparecen, en figuras de mujer, las ocho virtudes particulares que cita San Pablo, dos en cada ángulo. Sobre sus cabezas, se yerguen ángeles con sus manos alzadas que sostienen el trono que ocupa el remate del ciborio.

 En el centro del trono se sitúa el Cordero de Dios sosteniendo una cruz con su pie. Hay tantos ángeles como virtudes. Por el exterior, en primer término, hay cuatro ángeles, que con sus trompetas anuncian la resurrección del día del juicio. Dos están delante, en una cara, y dos detrás, en la otra. A la misma altura hay cuatro profetas, a saber; Moisés y Abraham en la cara izquierda, e Isaac y Jacob en la derecha. Cada uno tiene en su mano una cartelas con su profecía particular. En la fila superior están sentados en círculo los doce apóstoles. En la primera cara, es decir, por delante, aparece sentado en el medio Santiago, que sostiene un libro en la mano izquierda e impartiendo la bendición con derecha. A derecha e izquierda tiene sendos apóstoles en la misma fila. De igual forma hay tres apóstoles en el lado derecho del ciborio, tres a la izquierda y otros tres a detrás.

 Sobre la cubierta, se sientan cuatro ángeles, como custodiando el altar, y en las cuatro esquinas del ciborio, en el remate de la cubierta están esculpidos los cuatro evangelistas con sus propios símbolos. Por dentro en está pintado el ciborio y por fuera esculpido y pintado. En la cúspide, por el exterior, se remata en un triple arco, en el que está esculpida la Divina Trinidad, En el primer arco, el que mira a occidente, se levanta la persona del Padre; en el segundo, entre el mediodía y el oriente, la del Hijo; y en el tercero, que mira al norte, la persona del Espíritu Santo. Y sobre este remate descansa una bola de plata resplandeciente sobre la que se alza una preciosa cruz.

 Ante el altar de Santiago penden, en honor de Cristo y del Apóstol, tres grandes lámparas de plata. La del medio es grandísima y está admirablemente labrada en forma de gran pebetero, teniendo siete depósitos, en representación de los siete dones del Espíritu Santo, en los que se colocan siete luces; y los depósitos no reciben sino aceite de bálsamo o de mirto o de mirobálano (40) o de oliva. El mayor de los depósitos está en el centro de los demás. Y en cada uno de los otros seis que le rodean, están esculpidas, por fuera, las imágenes de dos apóstoles. ¡Que alma de Alfonso, rey de Aragón, quien, según se dice, fue quien las donó a Santiago, descanse en paz eterna!.

 En el altar de Santiago nadie suele decir misa si no es obispo, arzobispo, Papa o cardenal de la misma iglesia. Pues suele haber en esta basílica corrientemente siete cardenales (41), los cuales celebran en el altar los divinos oficios. Creados y reconocidos por muchos papas, han sido además confirmados por el papa Calixto, nuestro señor. Esta dignidad, pues, que la catedral de Santiago tiene según buena costumbre, nadie debe quitársela por amor al Apóstol.

 Los maestros canteros que emprendieron la construcción de la catedral de Santiago, se llamaban don Bernardo el Viejo (42), maestro admirable, y Roberto, con otros cincuenta canteros pocos más o menos que allí trabajaban asiduamente, bajo la solícita dirección de don Wicarto, don Segredo, prior del cabildo, y el abad don Gundesindo (43), durante el reinado de Alfonso, rey de las Españas, y durante el obispado de don Diego I (44), esforzadísimo guerrero y generoso varón. El templo se comenzó en la era MCXVI (año 1078) (45). Desde el esta fecha hasta la muerte de Alfonso, valiente e ilustre rey de Aragón, se cuentan cincuenta y nueve años; y hasta el asesinato de Enrique, rey de los Ingleses, sesenta y dos años; y hasta el fallecimiento de Luis el Gordo rey de los francos, sesenta y tres; y desde el año que se colocó la primera piedra en sus cimientos hasta aquel en que se puso la última pasaron cuarenta y cuatro años.

 Desde el tiempo en que fue comenzada hasta hoy en día, este templo florece por el brillo de los milagros de Santiago, pues en él, se concede la salud a los enfermos, se les devuelve la vista a los ciegos, se les suelta la lengua a los mudos, se les abre el oído a los sordos, se les da sana andadura a los cojos, se otorga la liberación a los endemoniados, y lo que es más grande, se atienden las preces de las gentes fieles, se abre al cielo a los que a él llaman, se da consuelo a los tristes y todos los pueblos extranjeros de todos los climas del mundo acuden allí en tropel, a presentar sus ofrendas en honor del Señor.

 Y no ha de olvidarse que el Papa Calixto, de buena memoria, transfirió desde Mérida (46), ciudad metropolitana que estaba en tierra de sarracenos, la dignidad episcopal, concediéndosela por devoción y amor del Apóstol a la iglesia de Santiago y a su misma ciudad. Y como consecuencia ordenó y confirmó, como primer arzobispo de la sede apostólica de Compostela, al nobilísimo Diego que con anterioridad era obispo de Santiago.

(1)Aimerico, francés oriundo de Berry, nombrado cardenal por el papa Calixto II en 1120 y que aparece como canciller en 1123. Hasta su muerte en 1141 fué el confidente de tres papas, Calixto II, Honorio II e Inocencio II, y siempre el protector en la curia romana del arzobispo Gelmírez. Hay cartas suyas a éste en la Historia Compostelana.
(2)Entre el Sar y el Sarela está Compostela, se dice vulgarmente. Ambos nacen a corta distancia de Santiago, dentro de su término municipal: El Sar entre el castro de San Marcos (Monte del Gozo) y Meixonfrío, el Sarela o río de los Sapos en la Peregrina, y confluyen también cerca de la ciudad de Laraño. Cruza luego el Sar el poético valle de la Mahía y pasando Iria y Padrón desemboca en el Ulla frente a Puentecesures.
(3)Estas puertas las identifica así López Ferreiro: la 1ª, Puerta del Camino; la 2ª, Puerta de la Peña; la 3ª, Puerta de San Martín; la 4ª, Puerta de la Trinidad; la 5ª, Puerta de la Fajera; la 6ª, Puerta de la Mámoa, y la 7ª, Puerta de Mazarelos o del Mercado. La 1ª (porta Francigena), como lo indican sus nombres, era la entrada del "camino francés" y estaba al final de la calle de las Casas Reales. La 2ª (porta Penne) estaba en la calle de su nombre entre la del Hospitalillo y la Cuesta Vieja. La 3ª se hallaba al final de la calle de San Francisco o sea bajo el monasterio de San Martín Pinario, pero su nombre latino alude más bien a los fratres y sorores que debían estar al servicio del antiguo Hospital de Santiago, que también estaba por allí; en la versión gallega de este capítulo, publicada por López-Aydillo en Os Miragres, figura como 6ª "a porta de San Françisco", pero seguramente se trata de esta misma, porque en el siglo XIV, cuando se hizo la versión, existía ya el convento de San Francisco fuera de ella. La 4ª (porta de sancto Peregrino), que en dicha versión es la 3ª y "do Santo Romeu, que vay para a Treydade", se encontraba al final de la rampa que baja por delante del Gran Hospital hacia la calle de las Huertas en cuya esquina con la de Carretas estaba la capilla de la Trinidad. La 5ª (porta de Falgueriis, 4ª en la versión gallega y "de Fageiras") es hoy la más conocida por ser la salida hacia la Alameda y la Herradura; pero su nombre latino supone una forma falgueira, base del provenzal falgueira y catalán falguera "helecho", que daría en gallego los mismo que en provenzal y no fageira o su castellanización, fagera; parece, pues, tratarse de una falsa latinización, ya que L.Ferreiro da también la forma faiariis, quizá de fagus "haya". En una lámina del Viaje de Cosme de Médicis por España (1668-69) con una vista de Santiago, se ve esta puerta con su arco de medio punto entre dos torreones almenados, que fué demolida en el primer tercio del siglo XIX. La 6ª se hallaba a la salida de la calle de las Huérfanas y su nombre latino es también oscuro: quizá sea el bajo latín susannus "baldío", el de la Mámoa, que le da ya la versión gallega, donde es la 5ª, se referirá a alguna mámoa o montículo de tierra que cubría un dolmen. La 7ª y última (porta de Macerellis y en la versión gallega "de Maçarelas") es la única que hoy queda, el arco de la plazuela del Instituto, que se llamó del Mercado Viejo y a esto alude el segundo nombre de López Ferreiro; el primero y más conocido parace que lo llevó antiguamente la calle del Cardenal Payá, que en dicha plazuela desemboca, y en sus formas masculina y femenina lo llevan en Galicia algunos lugares; el arabismo español mazarí "ladrillo" (procedente a su vez del bajo latín maceria "argamasa, tapia"), de manera que "los macerelli (mazarelos) serían ladrilleros".
(4)En cuanto al precioso vino (preciosus Baccus), tomamos el adjetivo como epíteto del vino en general y no para distinguir el de más o menos precio; y se supone que este vino vendría del valle del Ulla y de los Riberos del Avia y del Miño, como ahora, y quizá de más lejos.
(5)Hoy iglesia de San Pedro de Fora en la Rúa de San Pedro, fuera de la Puerta del Camino. Era un antiquísimo monasterio llamado de San Pedro de Fora, para distinguirlo de San Pedro de Antealtares que esta dentro de la ciudad, qu en el siglo XV fué incorporado al de San Martín y empezó a decaer. En 1839, estando ya en ruinas, fué derruido y sus piedras sirvieron para enlosar la Quintana y la calzada de la Puerta Fajera a la Alameda. La iglesia actual no tiene valor artístico.
(6)Actual parroquia de San Miguel dos Agros, de las antiguas de la ciudad y reedificado por Don Diego Gelmírez; pero renovada a principios del siglo XIX. Conserva una capilla ojival del siglo XV.
(7)El monasterio benedictino de San Martín Pinario, nombre que tomó del lugar de su emplazamiento, cuyo origen se remonta al siglo IX y que llegó a ser muy poderoso. Su iglesia fué primero la Corticela, pero luego tuvo otra dedicada al santo obispo de Tours, que cedió su puesto a otra más amplia y hermosa, consagrada por Gelmírez en 1105. El edificio actual del monasterio dedicado a Seminario Conciliar, forma con la iglesia un conjunto impresionante y datan de fines del siglo XVI y del XVII. La iglesia es la segunda en la ciudad por sus grandes proporciones y riquísima decoración.
(8)La capilla de la Trinidad estaba como queda dicho, en la esquina de las calles Carretas y de las Huertas. Esta llevó antes, según parece, dicho nombre, que ahora lleva la calle que continúa la primera a partir de la iglesia de la Angustia de Abajo, hoy parroquial de San Fructuoso, situada en la otra esquina de las Huertas. La capilla fué derruída hace uns veinte años y en el solar se levantó una casa. Se llamaba también de los Peregrinos. Quizá fuera edificada en el terreno cedido por Gelmírez en 1128.
(9)Hoy parroquia de Santa Susana, situada en lo alto del cerro o castro ceñido por el paseo de la Herradura. La construyó Gelmírez con el título del Santo Sepulcro (1105) y depositó en ella el cuerpo de las santa, que había traído de Braga. De la fábrica románica conserva sólo el pórtico, ya que fué reedificada en los siglos XVII y XVIII.
(10)Actualmente parroquia de San Félix de Solovio. Es la más antigua de la ciudad, puesto que existía ya antes del descubrimiento del sepulcro del Apóstol. Fué destruída por Almanzor y reconstruída enteramente por Gelmírez, con las de San Miguel, San Benito y monasterio de Antealtares, a principios del siglo XII. EN el XVIII fué restaurada, conservando su bella portada románica y una cruz sobre un cordero y una Adoración de los Reyes del mismo estilo.
(11)Parroquia hoy de San Benito del Campo, también de las antiguas y reedificada por Gelmírez, y nuevamente en estilo neoclásico a principios del siglo XIX. Conserva otro grupo románico de la Adoración de los Reyes.
(12)Hoy también del monasterio de San Pelayo o San Payo, de religiosas benedictinas. El Monasterio fué fundado en los orígenes de Compostela por Alfonso II el Casto (813) para monjes benedictinos bajo el abad Ildefredo y dedicado al apóstol San Pedro, de donde su antiguo nombre de San Pedro de Antealtares: pero en el siglo XII cambió su advocación por la del niño mártir de Tuy. Otros ilustres abades fueron San Pedro de Mezonzo, después obispo, y San Fagildo, cuyo bello sepulcro (1084) está en el coro. Este construyó la primera iglesia del monasterio, pues antes celebraban los monjes sus oficios en la Catedral, cuando el obispo D. Diego Peláez emprendió las obras de la basílica que a continuación describe el texto, una pequeña iglesia que fué reconstruida totalmente por Gelmírez, como ya se ha dico. El monasterio y la iglesia actuales son de los siglos XVII y XVIII y forman una mole imponente, no careciendo la iglesia de grandiosidad y belleza. Guarda este monasterio el primitivo altar del Apóstol, de la Catedral, y guardaba en él tres bellísimas columnas románicas de mármol con apóstoles esculpidos, que han pasado a los museos.
(13)Hoy capilla de Santa María de la Corticela, que existía ya a mediados del siglo IX como iglesia del moansterio de benedictinos de su nombre y después de los de San Martín Pinario, como hemos dicho antes. Comunica con la Catedral por el arco de la desparecida capilla de San Nicolás, un tránsito con escalinata y una bellísima portada románica con la Adoración de los Reyes. y otra portada románica más sencilla da hacia la Quintana; pero según López Ferreiro, la antigua comunicación con la Catedral era por una puerta abierta en la capilla del Espíritu Santo. La Corticela ha venido siendo la parroquia de los extranjeros, forasteros (principalmente vascongados) y militares.
(14)Las dimensiones que da E.Carré Aldao son: 94m "desde el pie, en la fachada del Obradoiro, al centro del ábside de la capilla de San Salvador, cabecera de la iglesia", o sea de Oeste a Este; 63 m. "desde la fachada de la Azabachería a la de las Platerías", o sea de Norte a Sur, y 24 m. de altura "de pavimento hasta la clave de los arcos torales de las naves mayores" y 32 m. "hasta la cúpula". López Ferreiro da "desde el fondo del Pórtico de la Gloria hasta el muro en que se apoya el altar del Salvador, 97 m., y desde la puerta del Norte hasta la del Sur, 65 m." y "hasta unos 22 m.", de elevación "hasta la parte más alta de la bóveda".
(15)La capilla de San Salvador era la maor de las primitivas y está en la cabecera de la cruz formada por la planta de la basílica, al medio de la girola. Se la llama también del Rey de Francia por haberla dotado con una renta Luis XI siendo aún Delfín (1447). En ella asistió a una misa el 25 de agosto, día de San Luis, Rey de Francia, el Año Santo de 1943, una representación francesa presidida por el embajador en Madrid M. Piétri, quien a continuación presentó al Apóstol la ofrenda de un copón en nombre del mariscal Pétain, Jefe del Estado Mayor Francés. La girola o deambulatorio es llamada en el texto latino laurea "corona de laurel", porque ciñe como una corona el santuario.
(16)Este dato de la anchura de las naves grandes parece estar equivocado, pues según los datos anteriores de longitud, anchura y altura,la alzada de un hombre viene a ser de 1 m. con 70 cms. - lo mismo que dan los 8 palmos a unos 21 cms. -, y las 11,5 alzadas unos 19,50 m. Y según López Ferreiro el ancho de las tres naves -de la mayor con sus laterales- es de 19,64 m. y el de la mayor solamente 9,74 en el trascoro, o sea contra el Pórtico de la Gloria, detrás del coro recientemente suprimido, y de 9,65 en el crucero. Resulta, pues, que las once alzadas y media (11,5) o 19,50 m. vienen a ser la anchura de cada nave grande con sus dos laterales menores.
(17)Aquí el aquilón es sin duda el oeste y no el norte como siempre. El sentido de la voz ciborius es aquí también problemático. Propiamente significa "dosel, baldaquino" y por extensión "bóveda"; pero aquí se aplica a las entradas en forma de pasaje abovedado o porche.
(18)Al ábside se le llama aquí y más veces corona ecclesie, como antes laurea a la girola.- El triforio o galerías altas es llamado palacium ecclesie.
(19)Se traduce por arco fajón la palabra cingula "cinturón, cincha", cuyo sentido tampoco es claro aquí. Mlle. Vielliard traduce por "arcs doubleaux", otros autores por arcos simplemente. M.E. Lambert presume un error gráfico de cingule por singule y traduce por columnas aisladas, lo cual correspondería ae las ocho columnas de la girola (octo singulares/columpne); pero observa con razón que no se repite aquí la palabra columpne, sino solamente pilares.
(20)Las capillas del ábside o abisdiolos eran propiamente cinco y sumaban quince ventanas que con las cinco de la bóveda del altar del Apóstol y las 43 del triforio dan el total de 63. Pero López Ferreiro entiende que habría 63 en la parte baja: "36 en el cuerpo de la iglesia y tres en cada una de las nueve capillas abisdiales", que con las cinco de la bóveda y las 43 de la galería o triforio ascienden a un total de 111.
(21)Acerca de las siete puertas menores dice López Ferreiro: "La primera, que se llamaba de Santa María (sin duda porque ella se salía a la iglesia de Santa María de la Corticela), estaba abierta en el entrepaño por donde hoy se pasa a la capilla del Espíritu Santo. La segunda, llamada de la Vía Sacra, estaba en el deambulatorio, a la izquierda de la capilla del Salvador, y fué sustituida por la que hoy da paso a la capilla de Nuestra Señora la Blanca o de las Españas. La tercera, puerta de San Pelayo, porque por ella se servían los monjes de Antealtares, correspondía a la actual Puerta Santa. La cuarta, puerta de la Canónica, se abría en el último entrepaño que por la parte del transepto cierra la capilla del Pilar. La quinta y la sexta se llamaban de la Petraria o del taller de los picapedreros, quizá porque entonces se estaba edificando por allí el claustro. La quinta corresponde hoy a la del claustro actual y la sexta estaba abierta en el cuarto entrepaño del muro lateral de la derecha de la nave del trascoro. La séptima, la de la Escuela, era la que usaban los Prelados, y estaba abierta frente por frente de las sexta". Se ha de notar, sin embargo, que la segunda de estas puertas no coincidía con la de la capilla de dice López Ferreiro, sino que fué descubierta por A.K. Porter en 1934, y abierta de nuevo, pues estaba murada y disimulada, entre las capillas absidiales de San Juan Evangelista y de San Bartolomé (antes de Santa Fe); ni tampoco la tercera es la actual Puerta Santa, que data del siglo XVI, sino que estaba en el entrepaño en que hoy se abre la capilla de Mondragón y hacía juego con la segunda. El entrepaño donde se hallaba la cuarta puerta es el primero de la izquiera saliendo por la de la Quintana o del Reloj, el cual separaba las antiguas capillas de San Juan Bautista y de San Martín. Esta puerta daba hacia la Canónica o residencia de los canónigos, cuyo nombre conserva galleguizado la calle de la Conga. Finalmente ha de entenderse que las puertas sexta y séptima se abrñian en los muros de las naves laterales de la principal, donde estuvo el coro hasta hace unos años. Se ven aún los arcos de las dos y en la última una puerta como de una alacena.
(22)Se entiende la frase septem quadris apta en el sentido de que la columna en su parte inferior y más gruesa tenía siete caras cuadradas o rectangulares, o sea como traduce Mlle. Vielliard, "qui s'élargit à la base et comporte sept panneaux carrés", aclarando que era de "planta heptagonal".
(23)Sobre el Tesorero Bernardo, gran colaborador de Gelmírez, Canciller de Alfonso VII, autor del Tumbo A y tal vez hijo de Bernardo el Viejo, que dice: "arquitecto, escultor, pintor. mecánico, gran calígrafo y experimentado diplomático". Existen más noticias de la construcción de esta fuente que fué destruída en el siglo XV y se levantó otra en la parte opuesta, frente a la fachada de las Platerías que es la actual de los Caballos.
(24)Se traduce la voz paradisus por su derivada "paraíso", significativa y aceptada ya por otros, aunque antes y después se traduce por atrio o plaza de la iglesia.
(25)Sobre las conchas y algunos de sus nombres ver Libro I Capítulo XVII, y para su virtud curativa el milagro ver el Libro II, capítulo XII. El texto latino las llama crusille piscium y Mlle. Vielliard observa que crusille son "crucecitas" y, no viéndose lo que serían "crucecitas de pescados", da por omitida la palabra conche "coquilles" o "conchas". Pero no hay tal omisión puesto que ya en los dos pasajes antes citados se emplea varias veces la palabra crusilla por "concha" y en el primero se dice que así las llamaban los franceses. Su adopción como emblema se atribuye al milagro de un caballero sacado a flote del mar por el Apóstol que salió cubierto de conchas. La gran importancia que alcanzó la venta de estas insignias, fué reglamentada por la mitra y protegidoa contra la competencia exterior por bulas pontificias y hacia 1200 estaba encomendada a cien tiendas, 28 de la iglesia y 72 de los concheros. Hoy conserva el nombre de los "Concheiros" la salida de la carretera de Lugo entre la Rúa de San Pedro y el barrio de San Lázaro, por donde llega el "camino francés".
(26)Esta puerta del Norte o Francigena es naturalmente, la de la Azabachería. La portada aquí descrita fué sustituida por la fachada actual en la segunda mitad del siglo XVIII. Algunas de las figuras o grupos descritos a continuación se conservan incrustados en la fachada de las Platerías.
(27)Los meses estaban representados por los signos del Zodíaco y de ellos queda el Sagitario que representaba noviembre, incrustado sobre las arquivoltas de la izquierda de dicha portada de las Platerías.
(28)Esta es la de las Platerías, única portada que hoy queda de las primitivas, si bien sus escenas y figuras difieren bastante de las que aquí se describen, debido a adiciones, supresiones u otros cambios, o simplemente a defecto de observación del autor. Una gran parte de la mejor labor escutórica de esta portada se tiene por obra del llamado Maestro de las Platerías, a quien se quiere identificar con un Esteban, maestro de las obras de la Catedral, que en 1101 pasó a planear y dirigir la de Pamplona. Junto a él se señalan varios maestros. En las jambas de la puerta derecha, principalmente en la izquierda, figura la famosa inscripción de lectura tan debatida en relación con el comienzo de las obras de la basílica.
(29)De las once columnas se entiende que hay tres a la derecha de la puerte de la derecha, tres a la izquierda de la puerta de la izquierda y cinco en el pilar central, correspondiendo dos ca cada puerta y siendo común la del medio. Esta y las dos que con ella corresponden son de mármol y están esculpidas con figuras de apóstoles, etc.; las cuatro que siguen son de granito y lisas. Aquí y más abajo los ciborios, conforme a lo indicado anteriormente, vienen a ser los espacios cubiertos por los arcos con sus arquivoltas, puesto que entre ellos está la undécima columna y en las enjutas de los arcos están los cuatro angeles abajo mencionados.
(30)La portada descrita aquí brevemente fué ya sustituida en el último tercio del siglo XII por el Pórtico de la Gloria, reformado a su vez a mediados del XVIII al construirse la fachada actual del Obradoiro.
(31)Las vites del texto latino eran las escaleras de caracol que bajaban a la cripta o catedral vieja, según López Ferreiro, que localiza estas dos torres "en los ángulos que forman los muros del crucero con los del cuerpo de la iglesia", donde quedan vestigios.
(32)El texto dice teolis et plumbo con una forma teola derivada de tegula "teja". López Ferreiro cree que con dicha voz "no se quiso significar las tejas hechas de ladrillo, sino baldosas de pizarra asentadas a manera de las tejas".
(33)Los nueve altares enumerados correspondían a los nueve absidiolos. El de San Nicolás estaba donde se abre ahora el tránsito que lleva a la Corticela. Este santo -obispo de Mira (Asia Menor) en el siglo IV y gran traumaturgo- sería elegido como patrón que era de viajeros y peregrinos, pues su sepulcro era centro de frecuente peregrinación en Bari. (No se sabe por qué ni desde cuando San Nicolás de Bari era patrono de la Universidad compostelana, que sigue celebrando su fiesta el 6 de diciembre con una misa). El altar de la Santa Cruz, donde se veneraría una lignum crucis, regalada por Calixto II, desapareció con su capilla al edificarse en su lugar y ensanchada la de la Concepción o de la Prima, en el siglo XVI. El de Santa Fe, que recordaría la devoción a esta santa mártir y su santuario de Conques, pasó, también a principios del siglo XVI, a ser dedicado a San Bartolomé con su capilla que conserva su antigua forma. La capilla de San Juan Evangelista y hoy de Santa Susana, conserva también parte de su fábrica románica, pero igualmente a comienzos del siglo XVI fué ampliado su fondo. "Estaba encuadrada por la de sus dos apóstoles más destacados, San Juan Evangelista y San Pedro". En ella figuran las inscripciones citadas más adelante acerca de la fecha de la fundación de la Catedral. La capilla de San Pedro es otra de las que conservan la estructura primitiva y desde fines del siglo XVI tomó el nombre de Doña Mencía de Andrade, que la dotó, y hoy es más conocida por el de Nuestra Señora de la Azucena o también del Magistral, que la tiene a su cargo. Las de San Andrés y San Martín (ésta llanada ya de San Fructuoso desde que en el siglo XII fué depositado en ella el cuerpo de este santo), desaparecieron, respectivamente del ábside y transepto, al edificarse la grande y suntuosa de la Virgen del Pilar o de Monroy a principios del XVIII. También entonces se abrió en el lugar que ocupaba la de San Juan Bautista la Puerta Real o de la Quintana.
(34)Este altar se hallaba en el intercolumnio que cierra el ábside por la parte de atrás, dando frente al altar de San Salvador.
(35)Estos tres altares de la galería se encontraban en el reverso de la fachada occidental; que era costumbre consagrar en las iglesias carolingias uno o más altares o los ángles y en particular a San Miguel, al occidente, y que de los tres de la izquierda estaba al lado de la capilla arzobispal, porque el palacio estaba entonces -como ahora y precisamente la capilla- junto a la torre norte de dicha fachada occidental.
(36)El texto latino dice arca marmorea reconditum, in obtimo arcuato sepulcro como los diplomas y otros textos arca marmorica o arcis marmoricis.
(37)El altar pequeño había sido uno provisional de los díscipulos del Apóstol y de él proceden un trozo de columna de granito y dos tableros de mármol blanco, cuadrangular el uno y circular el otro, que aparecieron en las excavaciones de 1878 entre los escombros del espacio entre los sepulcros de los díscipulos y que se guardan en la cripta actual. Tal altar sería luego sustituído por otro mayor que pasó a su vez a la iglesia de San Pelayo de Antealtares, cuando en 1105 erigió Gelmírez en su lugar el altar grande del que aquí se trata.
(38)Como Don Diego Gelmírez fué elegido obispo en 1100 y consagrado en 1101, resulta la fecha de 1105 dada. Según él los 75 marcos de plata eran arroba y media (unos 17 kilos), y el frontal debió ser fundido a fines del siglo XVIII, al hacerse el que hay.
(39)Alfonso VI (1109) y Don Raimundo de Borgoña, conde de Galicia (1107)
(40)Se supone que el balanus/-i del texto latino debe ser el mirobálano, que aparece en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, 17ª edición, como procedente del griego "bellota de aroma" y nombre de un árbol de la India, de la familia de las combretáceas, del cual hay varias especies, cuyos frutos ... se usan en medicina y tintorería. De ellos se obtenía, al parecer, un aceite perfumado.
(41)Cardenales eran llamados los siete canónigos que pertenecían a la categoría de presbíteros en el Cabildo de Santiago, superior a la de los diáconos que comprendía a todos los demás. Les incumbía celebrar la misa conventual y oficiar en todas las funciones religiosas del Cabildo. Fueron creados en tiempo de Gelmírez por el pontifice Pascual II y dichas categorías se mantuvieron hasta el Concordato de 1851. El privilegio de celebrar la misa en el altar o en el sepulcro del Apóstol, que se les otorgó cono los obispos, arzobispos y el papa, fué extendido por el rescripto de Pío IX, del 4-II-1855, a todos los canónigos. Hoy el Cabildo puede autorizar también a otros sacerdotes.
(42)De estos maestros, que a juzgar por sus nombres el segundo sería francés probablemente y acaso el primero. Se plantea luego la cuestión de si este Don Bernardo el Viejo (domnus Bernardus senex), podría ser el mismo Don Bernardo el Tesorero, autor de la famosa fuente de Santiago, y se da en favor de la identificación el hecho de que éste tuvo a su cargo la dirección de las obras en tiempo de Gelmírez, según la Historia Compostelana, aunque también apunta la dificultad que la edad ofrecería.
(43)De los tres personajes de la comisión administrativa, dos eran gallegos y el primero sería extranjero. La lectura Vicario por Wicarto, que sugiere como posible y que daría un titulo más de Segeredo, aparte de la dificultad de la w, es rechazado por el P.David, fundado en que no se conocía entonces la dignidad de vicario y sí en cambio la de prior y abad del Cabildo, que tenían respectivamente Don Segeredo y Don Gundesindo. Para él Wicarto es en francés Guichard. Se traduce domno canonice, referido al primero de aquellos, por "prior de la Canónica". Murió, según parece, antes de 1111 y el segundo en 1112.
(44)El rey era Alfonso VI y el obispo Don Diego Peláez: elevado a la sede por Sancho II en 1070, tras haber desposeído a sus hermanos Alfonso y García de sus reinos de León y Galicia, fué luego tratado por Alfonso como enemigo y sospechoso de traición y tenido preso hasta que hubo de renunciar a ella en el concilio de Husillos (1088), y fué depuesto por el papa Urbano II y confirmada su deposición por Pascual II en 1099. La Historia Compostelana reconoce su nobleza y generosidad, pero le considera demasiado mundano y mezclado en los negocios exteriores.
(45)La fecha dada aquí -era MCMXVI-, que corresponde al año 1078, es la misma que generalmente se lee en la inscripción de las jambas de la puerta derecha de las Platerías y que da la Historia Compostelana, constando también el día en ambos lugares -V idus julii- (11 de julio).
(46)Mérida, la antigua Emerita Augusta, capital de la provincia romana de Lusitania, y sede episcopal desde los primeros tiempos del cristianismo y metropolitana luego, con magníficos testimonios de su antigua grandeza en las ruinas del teatro, anfiteatro, circo, acueductos, y en el largo puente sobre el Guadiana. Gelmírez consiguió de Calixto II la transferencia de la dignidad metropolitana de Mérida a Santiago por bula del 27 de febrero de 1120, publicada en Compostela el 25 de julio del mismo año. Después de reconquistada Mérida en 1228 por Alfonso IX de León, la donó a Santiago con todos sus términos en 1230.

Capítulo X

 Por lo que a los enfermos se refiere, han de ser atendidos allí caritativamente hasta su muerte o total restablecimiento. Pues de esta forma se hace en San Leonardo (3). Cuantos pobres llegan allí en peregrinación, reciben comida. Además, siguiendo la tradición, se han de entregar a los leprosos de la ciudad, las ofrendas que cada domingo se hagan en el altar, desde el amanecer hasta la hora de tercia. Y si algún prelado de la basílica cometiese fraude en esto, o invirtiese de otro modo las limosnas que han de darse como hemos dicho antes, que su pecado se interponga entre Dios y él.

(1)Este número de 72 canónigos conforme a los díscipulos del Señor, según San Lucas, 10, 1, fué fijado por Gelmírez en 1102, según la Historia Compostelana, que da los nombres de todos los de entonces y otros detalles. La regla de San Isidoro dice que estas palabras deben referirse al texto del oficio divino y distribución de las horas canónicas, ya que el santo Doctor compuso una regla monacal, pero no canocial en lo tocante al método de vida.
(2)Se refiere sin duda al Hospital del Apóstol.
(3)San Leonardo de Limoges.

Capítulo XI

Además tiene esta iglesia, según es tradición, la serie y denominación de los 72 discípulos de Cristo, 72 canónigos (1) que observan la regla de San Isidoro, doctor de la iglesia española san Isidoro.

 Entre ellos se reparten las ofrendas del altar de Santiago por semanas sucesivas. Se dan al primero las de la primera semana, al segundo las de la segunda, al tercero las de la tercera y así sucesivamente se reparten hasta el último. Cada domingo, según dicen, se hacen tres partes de las ofrendas, la primera de las cuales la recibe el canónigo a quien corresponde. Los otros dos tercios restantes se vuelven a dividir en tres partes, una para sustento de los canónigos, otra a la obra de la basílica y la tercera al arzobispo de la iglesia. Pero las ofrendas de la semana que va del domingo de Ramos a Pascua, debes entregarse de acuerdo con la costumbre a los peregrinos pobres del hospital de Santiago (2). Es más, si se quiere cumplir con la justicia de Dios, en cualquier época del año hay que entregar la décima parte de las ofrendas del altar de Santiago a los pobres que lleguen al hospital. Pues todos los peregrinos pobres, la noche del día que llegan al altar de Santiago, deben recibir en el hospital, por amor de Dios y del Apóstol, hospitalidad completa.

Todo el mundo debe recibir con caridad y respeto a los peregrinos, tanto pobres, como ricos, que vuelven o se dirigen al solar de Santiago, pues quienquiera que los reciba y hospede con esmero, tendrá como huésped, no solo a Santiago, sino también al Señor, según las palabras del Evangelio: "El que os reciba a vosotros, me recibe a mi". Hubo antaño muchos que incurrieron en la ira de Dios, porque no quisieron recibir a los necesitados y a los peregrinos de Santiago. En Nantua (1), que es una villa entre Ginebra y Lyon, a un tejedor se le cayó súbitamente el paño, rasgado por medio, por haber rehusado dar pan a un peregrino de Santiago que se lo pedía.

 En Vilanova, un peregrino de Santiago, necesitado, pidió limosna por amor de Dios y de Santiago, a una mujer que teniendo el pan todavía entre las brasas calientes, le dijo que no tenía pan. El peregrino le dijo: "¡Ojalá se convierta en piedras el pan que tienes!" Y cuando el peregrino aquél salió de la casa y estuvo lejos, se acercó la mala mujer a las brasas con intención de recoger su pan, y en su lugar encontró un piedra redonda. Arrepentida de corazón, se fue tras el peregrino, pero no lo encontró.

 En la ciudad de Poitiers, dos nobles galos que volvían cierta vez de Santiago sin recursos, pidieron posada por amor de Dios y de Santiago, desde la casa de Juan Gautier hasta San Porcario (2), y no la encontraron. Al fin se hospedaron en la última casa de aquella calle, en casa de un pobre, junto a la iglesia de San Porcario, y hete aquí, pues, que, por castigo de Dios, un voraz incendio asoló toda la calle en aquella noche comenzando por la casa en que primero había pedido posada hasta aquella en la que se hospedaron. Y eran unas mil casas. Pero la casa en las que se hospedaron los siervos de Dios, por la gracia de divina quedó intacta. Por lo que se debe saber, que los peregrinos de Santiago, pobres o ricos, tienen derecho a la hospitalidad y a una acogida respetuosa.

(3)
    (4)
(1)Nantua, cabeza de distrito en el departamento del Ain, donde existió una abadía desde el siglo VIII, que en el XI dependía de Cluny.
(2)San Porcario, abad del monasterio de Lerins y mártir. La actual iglesia de Saint-Porchaire en Poitiers es una reconstrucción del siglo XVI, aunque se conserva el campanario del XI y una portada.
(3)La edición latina dice QUARTUS como el Códice, pero fácilmente se descubre que antes era QUINTUS y que por IN pusieron AR.
(4)El colofón recuerda la enumeración de países que se hace en el prólogo del Libro II.